domingo, 28 de septiembre de 2014

una revolución social necesitará una revolución cultural (complementariedad)

Llegó el momento de construir un Nuevo Orden Mundial.
Palabras más o menos se han escuchado y leído desde el comienzo de la aplicación del sistema de dominación sobre la vida humana, hasta en cada manifestación en que los poderes establecidos en diferentes épocas han visto amenazado sus subsistemas de dominación, porque aunque el primigenio sistema de dominación patriarcal (SDP) sigue insistiendo en alegar su eternidad, ahora sabemos gracias a la ‘Revolución Arqueológica’, que sólo es el producto de esfuerzos terrenos, tanto así como que hoy son simplemente poderes capitalistas los que reaccionan ante un estado de cosas desfavorable.
En otra dimensión del mismo problema, en la más reciente actualidad confirmamos una aguda situación que se caracteriza en que los hombres arrecian en todo el mundo aferrándose a los poderes patriarcales conferidos, en lo que podemos denominar ‘una reacción sangrienta a la reacción’. Efectivamente, los hombres descargan sobre las mujeres en grado creciente su violencia, la que surge de sus frustraciones cotidianas laborales, tanto psicosociales y sociales como reactivas ante la tendencia irreversible constituida por las mujeres en su lucha centenaria conciente por la liberación de la femineidad y la restauración inconciente de la vida armónica. Es decir, quien vea en esta actual riquísima situación una simple repetición de conductas represivas se perderá el zumo de la caña que este aroma investigativo exhala.
Se requiere sólo un poco de atención. Los desenterramientos arqueológicos recientes muestran que las sociedades maternales matrifocales existentes desde 11 mil años A (atrás), y que se desarrollaron en gran parte de Europa y el ‘occidente’ asiático, vivían en armonía no beligerante, en el ejercicio de una plena sexualidad espontánea, con prioridad en el cuidado de las criaturas, sin dioses ni jerarquías, ni guerras ni incendios, con excedente económico sin Estado, en ciudades de hasta 20 mil personas edificadas en los valles.
Más allá de todo lo que podamos pensar acerca de esta información, surge rápidamente que hombres y mujeres convivieron durante siete mil años al menos, en armonía. Qué significa esto: que si ya lo hicimos, está en nuestra naturaleza biológica la opción de lograrlo nuevamente. La exigencia diría, aquí, focalizar aquí, porque este es el motor material que impulsa todas las tendencias libertarias humanas en todos los sentidos. Está en nuestra naturaleza la libertad, la igualdad y la fraternidad, la armonía y la felicidad. No se trata de utopías bienintencionadas, ya que la base de lo posible, aquí en nuestra tragedia humana, no es ideal, sino de material concreto, y surge de la naturaleza biológica de nuestros propios comportamientos espontáneos libres.
Todo lo que sufrimos, todo, todo, todo lo que sufrimos es el producto de la represión impuesta a nuestra naturaleza biológica humana, para exigirnos la adecuación al sistema patriarcal de dominación que enluta la vida desde hace 4 mil quinientos años. Y es desde allí, desde donde tenemos que pensar palabras de uso cotidiano como adecuación, o adaptación, tan sólidas como peligrosas palabras envolventes.
¿Nosotros entendemos el mundo en que vivimos?... ¿Sí? Creemos que no es posible entenderlo en profunda plenitud si no se incorpora a las investigaciones científicas y no se valora adecuadamente la información que surge de la ‘Revolución Arqueológica’, en todas las áreas del conocimiento.
Hace 4 mil quinientos años el patriarcado conciente diseñó su por entonces Nuevo Orden Mundial, y comenzó a aplicarlo con sus sangrientos sagrados métodos. Cuando llegaron aquí los europeos importaron su NOM y masacraron en cien años a cien millones de personas, un gran porcentaje de las cuales vivía en armonía con sus pares, con la naturaleza y el entorno.
El advenimiento del actual patriarcado, el capitalista, necesitó masacrar decenas de millones de personas para imponer en las prácticas cotidianas la adecuación de los dominados a conceptos tales como mío-tuyo, piedra angular del desarrollo posible a nivel continental de la propiedad privada, la que hoy nos parece a muchos de nosotros, tan natural. Esa noción no existía en las cosmovisiones maternales europeas y asiáticas del neolítico, y tampoco en las del continente americano en su conjunto. Esta es la ‘verdadera’ razón de semejante masacre, la misma que podría ayudar a comprender el ensañamiento de la insistente devastación africana.
El NOM patriarcal no se priva de nada. En nombre y por derecho propio sale a imponer sus verdades como si las del resto sólo fueran falsedades o ignorancias, o retraso evolutivo. El progreso capitalista tiene olor a sangre quemada. Tan quemada como la sangre sabia de las 8 millones de mujeres acusadas de brujas por la benemérita Santa Inquisición durante el desarrollo del fatídico siglo xvi. El problema es que en el hoy actual lo sigue haciendo. Y si nos dedicamos a contemplar, lo seguirá haciendo porque está en su naturaleza. Lo interesante es observar que el NOM patriarcal muta para adaptarse a las presiones que lo enfrentan.
A modo ilustrativo. El cerco y acoso a la revolución bolchevique por la alianza defensora del capitalismo, por acción de varios ejércitos de diferentes naciones burguesas, puede verse como un intento de ahogar el derrotero libertario de la humanidad. El acoso a la revolución china, el descuartizamiento de Corea, de la propia China, de Vietnam, Camboya y Laos, fue otro intento del mismo signo. El recurrente destrozo de la propia Europa. El acoso y ahogo a los intentos socialistas en América huele similar, y la excepción, la revolución cubana, lo sigue experimentando, al acoso, sí. Los acosos que frustraron las revoluciones europeas y africanas en el siglo pasado tienen sesgo similar de similar intención: el orden mundial establecido hace 4 mil quinientos años y sus respectivas variantes étnicas y religiosas, no cederá el liderazgo cultural ni el ejercicio del poder, por el contrario, sus movimientos denotan una fuerte propensión creativa dispuesta a retenerlos cómo sea. Anotemos: a- liderazgo cultural civilizatorio y b- ejercicio del poder efectivo.
Posiblemente surja de lo expresado, que nuestras versiones de ‘lo que hay que hacer’, requiera mayor flexibilidad y creatividad en las enunciaciones y estimaciones de los propósitos y su camino estratégico. Como acabamos de decir, hay dos variantes, pero que en la práctica, entre nosotros se disputan en el terreno la supremacía táctica: uno, es aquél que considera a la toma del poder como la herramienta prioritaria, para luego, disponer de los cambios sociales necesarios. Otra, la tendencia que indica la necesidad de generar un cambio cultural que alcance el poder de abajo hacia arriba. Una quiere evitar distracciones y dispersión de fuerzas, y la otra, que se encarame el personalismo repeticionista reproductivo de los órdenes jerárquicos. Creemos que estas dos vías regias con sus variantes, no son antitéticas, sino muy por el contrario. Parecen antitéticas porque no se ha logrado comprender que subyace entre nosotros un enemigo en común: el patriarcado, que lejos de configurar una mera cuestión de género, afecta el conjunto de las relaciones humanas, y sus logros presentes y futuros. Vale decir a esta altura, que surge de una mirada atenta a la información que ofrece la ‘Revolución Arqueológica’, que el patriarcado supo combinar estas variantes hasta establecerse sólidamente 3 mil años (A), mediante la imposición y sangrienta vigencia de sus libros sagrados, el casamiento monogámico hebreo y la aparición de la Ilíada.
Observando los problemas surgidos bajo la hegemonía precapitalista y capitalista, advertimos que el sistema de dominación patriarcal (SDP) incluye desde que tomó y se consolidó en el poder a nivel mundial, todas las variantes conocidas de conflicto y lucha de clases, incluídos por supuesto, los ensayos generales socialistas del siglo xx. Es así que se nos simplifica el camino, ya que se nos presenta un único obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas y reproductivas humanas.  Se trata de un mismo obstáculo que seguimos comprendiendo como si se tratase de varios y diferentes. Ocurre que nos ha confundido la variedad con que se nos presenta el resultado de nuestra propia lucha. Claro. Las variantes que se nos imponen desde el ejercicio del poder son tantas y de tan diferente carácter que nos han ocultado que sólo se trata de la diferencia respecto de nuestros propios logros en la puja por restablecer la arrebatada libertad, la devastada armonía, la destrozada fraternidad, y la sepultada felicidad. Es así que podríamos suponer que habría que combinar estas dos vías en un solo propósito, la lucha por la toma del poder junto a la lucha por imponer un cambio cultural. Con qué objeto: restaurar la armonía en las relaciones humanas productivas y reproductivas. Nada más y nada menos, ya que debemos reconocer que se trata de la llave maestra para la recuperación del conjunto de la naturaleza humana devastada.
Ahora bien, qué se espera de nosotros, es decir, de los hombres. Es conveniente recordar que el SDP también reprimió la naturaleza biológica del hombre hasta reducirla a un puñado de comportamientos violentos, cuyo valor actual reside en la mayor o menor eficacia que logre en la reproducción del sistema que lo diseñó. Visto así, el hombre oprimido tiene sobre sí una doble responsabilidad: mantenerse como agente activo para la eficacia del sistema de dominación, e ignorar la mutilación a la que fue sometido. Esta duplicidad en el rol asignado lo convierte en un agente para el mantenimiento de un estado de esclavitud humana, estado que tiene a las mujeres como a sus objetos dilectos y a los hombres como a objetos de control. Si ya hicimos el balance de lo que significa ese rol controlador en la vida de nuestras sociedades y en las nuestras propias, podremos avanzar este análisis hacia la comprensión de este problema sin creer que sólo se trata de una argucia justificadora del papel criminal intensificado actualmente, con el que los hombres siguen golpeando a las mujeres. A cambio de esta responsabilidad dual de dominante-dominado, el hombre recibe las prebendas otorgadas por los diseñadores de su rol histórico. A los hombres les queda reflexionar acerca de su propia y paradójica condición: se trata de posicionarse en el ruedo para proseguir o para abandonar el camino que les fue conferido.
Ante esta disyuntiva radical, recordemos palabras de Casilda Rodrigañez Bustos en La rebelión de Edipo II:
Hoy el hombre también se encuentra en una situación contradictoria; tiene que seguir siendo un 'guerrero' en la lucha competitiva profesional y pública, pero al mismo tiempo el modelo viril tradicional se está resquebrajando, y por debajo de la armadura emerge el cuerpo masculino que también desea hacerse regazo.
En este párrafo Casilda permite entrever que los hombres también han sido mutilados, algo que las mujeres saben y que los hombres ignoran. Los hombres ignoran que fueron sometidos a un estado de sumisión y mutilación inconciente porque el andamiaje patriarcal se los oculta y los premia como al chimpancé, promoviendo las acciones más proclives a la naturaleza masculina, es decir, todos los derechos de posesión y todos los derivados de la potencia física y la hostilidad competitiva en la que pareciera moverse con mayor eficacia y fluidez. Los saberes científicos por boca de Casilda ven la situación como una esperanzada transición:
En lo que alcanzo a ver, creo que las mujeres hemos empezado a tomar en nuestras manos la recuperación de la maternidad. Nuestros hermanos nos ayudan. Nuevos arturos se tatúan serpientes en las muñecas y se niegan a bajar el estandarte del dragón. Y aunque la transición sea lenta, y la Santa Inquisición todavía queme algunas brujas, ni Hércules ni Perseo, ni San Jorge ni San Patricio, ni la Virgen María ni el Arcángel San Miguel podrán volver a aplastar la serpiente, al menos de una manera tan tajante y tan definitiva como en los comienzos. La conquista de la cuota de dignidad alcanzada por el feminismo es irreversible; y la in-dignación nos ha permitido tocar fondo en nuestro cuerpo, despertar sus pulsiones y su libido, recuperar la fuerza del deseo materno. El deseo materno nos impide mantener los ojos cerrados, porque
necesitamos un mundo habitable para nuestros hijos e hijas.
¿Y lo que se espera de un hombre? ¿Cual sería la dirección deseable?
La función del hombre con respecto a la maternidad es la de protegerla, garantizar que a ninguna criatura le falte la madre imprescindible que le corresponde.
Se hace necesario pensar que esta versión de las relaciones humanas eliminan ‘el fanatismo sexista’ en pro de la búsqueda común de soluciones globales al problema. De estas pocas letras surge un perentorio llamado a la conciencia de los hombres, el cual se transformará en una exigencia en la medida en que sea burlado o desconocido. Tengamos presente que esta aguda situación mundial intensifica la muerte de mujeres producto de la hostilidad y el rechazo de los hombres ante el avance en las posiciones conquistadas por las mujeres contra los mandatos de la civilización patriarcal presente. Tengamos también presente que mientras los hombres aleguen ignorancia respecto del conjunto de su responsabilidad en cuanto al cumplimiento de su rol activo como agentes patriarcalizantes, la transición se extenderá hacia mayores dificultades que las que hoy sufren las mujeres, lo cual justificará la simple y superficial apelación sexista contra los hombres. Tengamos también presente que el ardor sexista contra las actitudes de los hombres puede parecer acertada, aunque omite el hecho de que dichas actitudes surgen de un sector de la naturaleza humana que también ha sido y sigue siendo reprimido.
Algo para terminar esta sumaria descripción.
Más allá de las precisiones, surge necesario:
-que los hombres renuncien a su rol de agentes patriarcalizantes.
-que las mujeres y los hombres se comprendan recíprocamente como aliados en la lucha por la restauración armónica a expensas del enemigo común de la vida.
-que las mujeres y los hombres acepten la importancia estratégica de la alianza.
-que los sufrientes se comprendan recíprocamente como víctimas del orden patriarcal ancestral y del vigente, que hoy lleva el nombre de capitalismo.
-que luchen de conjunto por la abolición de la sociedad patriarcal capitalista.
-que forjen nuevas sociedades que luchen contra la herencia cultural patriarcalizante.
-que forjen un Nuevo Orden Mundial que luche explícitamente por la restauración de las relaciones armónicas destruidas.
Recordemos, para terminar, que las relaciones humanas ancestrales reservaban a los hombres un papel constructivo que los hombres deberían valorar y recuperar al servicio de un restaurado mundo comunal. Aquí, las mujeres recuperarán su naturaleza en plenitud, que no es otra que el ejercicio espontáneo de la fuente de vida.
Se hace necesario responderle al monje negro de la civilización patriarcal capitalista actual, quien en estos días propuso a EeUu y China lo siguiente:
‘Llegó el momento de construir un Nuevo Orden Mundial’.
Desde aquí creemos que, si en el comando de la civilización patriarcal actual se lo exige, queda en claro que es lo que nosotros debemos lograr: la restauración del ancestral mundo maternal que surja de la construcción de un nuevo orden mundial ni capitalista ni patriarcal.
“Llegó el momento de construir un Nuevo Orden Mundial” al servicio de la vida en plenitud.
Suscribamos juntos mujeres y hombres lo que decía Amparo Moreno: “…las mujeres…no podemos desear para nuestros hijos más que el mejor de los mundos posibles.”
28-9-2014.-
Aporte para el Encuentro Nacional de Mujeres que se llevará a cabo en Salta en octubre próximo. Con saludos fraternos.
... a la memoria de Melina y Paola,
dfa.-

sábado, 13 de septiembre de 2014

la llave de los campos sionistas

Por qué la colectividad judía no se da cuenta que la dirigen personas que la van a perjudicar?
Si bien las metodologías de cooptación y nepotismo son suficientemente lo común de un rasgo en todas las colectividades, en este caso, el comando sionista pugna por cubrir todas las vacantes con ‘gente de la cole’, con lo que a mediano plazo produce lo que ya hoy se puede llamar ‘sobre-representación’, y más adelante en esta misma lógica, será (tal vez?) directamente exclusión de cualquier otra persona que no sea de su interés.
Los miembros hoy beneficiados, no se dan cuenta porque por ahora en épocas de alta desocupación, el comando sionista cumple un papel aglutinante basado en el amparo ‘de los suyos’. Así, muestra una cara en público y la otra janiana la deja entrever mediante el trato ríspido e implacable con todo lo que le moleste o le critique. De este modo, el comando sionista, no sólo muestra un modo eficaz de enfrentar y defender lo propio de lo ajeno, sino mediante este particular espejo, les hace ver a sus subordinados miembros, cómo serán tratados si uno de ellos osase criticar sus prácticas ‘en público’, porque aquí sigue en valor la distinción público-privado.
Hasta aquí nada nuevo. Se trata de antiguas prácticas sociales utilizadas desde ‘la más remota antigüedad’. No obstante, se trata en este caso, también de tales prácticas en una colectividad extremadamente autocentrada y no parecen debidamente estudiadas las razones de esta especie de compulsión a mantenerse en dicha pertenencia por parte de las personas que tengan ‘en su sangre sangre judía’ a pesar de las distancias y el tiempo. Sería algo así como un hilo que unifica lo que aparece diferente con la sola noticia de que se tiene dicha procedencia gracias a la de algún miembro directo del grupo familiar.
El sionismo utiliza políticamente lo que los autodenominados miembros de 'la cole' experimentan como un sentimiento de inmanencia respecto de algo que ‘está a todas luces bien visto’. Algo así como la pertenencia a una determinada aristocracia. Bien considerado, como una pertenencia que otorga cierto status, cierto privilegio basado en las leyendas culturales y en las certezas sociales, en los amores, en los temores y en los dolores. Y ahora más que en otras épocas, podemos notar que el hilo aglutinante tiene además una fibra de conveniencia. Ya no hace falta hacer la de Pedro ni cambiarme el apellido, por el contrario al menos por aquí y allí arriba, es considerado todo un bien ser portador de apellido.
El artificio literaturesco debería caer si nos atuviésemos a las más elementales conductas morales, pero, no parece el caso por ahora de que se note en este caso. De qué artificio hablo.
Mi prestigio, el prestigio que percibo en mí, esa sensación especial, se basa en un cuento, un largo cuento, un bello cruel eficaz hábil criminal excluyente influyente semhistórico adulterante avasallante delirante sociópata narciseante atrapante aterrorizante maravillante cuento, pero un cuento. Mi prestigio me conviene mami. Claro que te conviene hijo. Mi prestigio me dará soluciones.
Es que hoy, nadie en su ‘buena fe’, puede aferrarse a ese prestigio, salvo que sea un hombre de fe, o sea una mujer de fe, y por tanto, necesite aferrarse a algo superior que le diga que es alguien superior. De escaleras y peldaños se trata. Los peldaños de los juegos de plaza tienen un último peldaño y después el abismo. Abisales. Avisale que es víctima del producto de una gran falsificación jerárquica genocida ignorante prepotente que incluyó todas las prácticas desproporcionadas y nefastas que conoce la humana existencia, y la restante. Y no me hables acerca de que hay peores y no me ocupo de ellos. No trates de esconder tu fe. Ya me ocupé de esos otros que tanto te ocupan. Y de por qué te ocupan tanto, también.          
Al menos por aquí, y también por allí, en La Argentina, el comando sionista levanta la polvareda suficiente como para evitar que se vislumbre que los autocomplacientes sentimientos propios son sólo el producto de una gran malversación, de un hiperbolizado esfuerzo ficcional, algo propio como de una epopeya legendaria con pretensión histórica, una sobrespecie de larga ‘novela histórica’. Una donelleada novelona historizada, aunque de gran nivel. En todos los sentidos, de gran nivel.
Pero, como todo artificio tiene un límite, sepamos de uno universalizante por sus efectos disolventes de todo lo versado: la ‘Revolución Arqueológica’, científica, censurada, distorsionada obra de la lituana Marija Gimbutas, la bióloga española Casilda Rodrigañez Bustos y muchos otros, le ha mostrado a quien así lo desee en qué consiste la magnitud de ese gran artificio ficcional.
Si después de enterar a la colectividad judía que su sentido de 'pertenencia’ es el producto de un gran novelón llamado Génesis -algo así como la declaración de principios del patriarcado destructor de la humanidad-, si después de enterarle, persiste en permitir que la involucren en estas prácticas autocentradas que por extensión configuran un obstáculo para el desarrollo de relaciones humanas fraternas, deberé decir que no sé por qué no se dan cuenta que la dirigen personas que la van a perjudicar.

Dfa, 13 de setiembre de 2014.-