sábado, 13 de septiembre de 2014

la llave de los campos sionistas

Por qué la colectividad judía no se da cuenta que la dirigen personas que la van a perjudicar?
Si bien las metodologías de cooptación y nepotismo son suficientemente lo común de un rasgo en todas las colectividades, en este caso, el comando sionista pugna por cubrir todas las vacantes con ‘gente de la cole’, con lo que a mediano plazo produce lo que ya hoy se puede llamar ‘sobre-representación’, y más adelante en esta misma lógica, será (tal vez?) directamente exclusión de cualquier otra persona que no sea de su interés.
Los miembros hoy beneficiados, no se dan cuenta porque por ahora en épocas de alta desocupación, el comando sionista cumple un papel aglutinante basado en el amparo ‘de los suyos’. Así, muestra una cara en público y la otra janiana la deja entrever mediante el trato ríspido e implacable con todo lo que le moleste o le critique. De este modo, el comando sionista, no sólo muestra un modo eficaz de enfrentar y defender lo propio de lo ajeno, sino mediante este particular espejo, les hace ver a sus subordinados miembros, cómo serán tratados si uno de ellos osase criticar sus prácticas ‘en público’, porque aquí sigue en valor la distinción público-privado.
Hasta aquí nada nuevo. Se trata de antiguas prácticas sociales utilizadas desde ‘la más remota antigüedad’. No obstante, se trata en este caso, también de tales prácticas en una colectividad extremadamente autocentrada y no parecen debidamente estudiadas las razones de esta especie de compulsión a mantenerse en dicha pertenencia por parte de las personas que tengan ‘en su sangre sangre judía’ a pesar de las distancias y el tiempo. Sería algo así como un hilo que unifica lo que aparece diferente con la sola noticia de que se tiene dicha procedencia gracias a la de algún miembro directo del grupo familiar.
El sionismo utiliza políticamente lo que los autodenominados miembros de 'la cole' experimentan como un sentimiento de inmanencia respecto de algo que ‘está a todas luces bien visto’. Algo así como la pertenencia a una determinada aristocracia. Bien considerado, como una pertenencia que otorga cierto status, cierto privilegio basado en las leyendas culturales y en las certezas sociales, en los amores, en los temores y en los dolores. Y ahora más que en otras épocas, podemos notar que el hilo aglutinante tiene además una fibra de conveniencia. Ya no hace falta hacer la de Pedro ni cambiarme el apellido, por el contrario al menos por aquí y allí arriba, es considerado todo un bien ser portador de apellido.
El artificio literaturesco debería caer si nos atuviésemos a las más elementales conductas morales, pero, no parece el caso por ahora de que se note en este caso. De qué artificio hablo.
Mi prestigio, el prestigio que percibo en mí, esa sensación especial, se basa en un cuento, un largo cuento, un bello cruel eficaz hábil criminal excluyente influyente semhistórico adulterante avasallante delirante sociópata narciseante atrapante aterrorizante maravillante cuento, pero un cuento. Mi prestigio me conviene mami. Claro que te conviene hijo. Mi prestigio me dará soluciones.
Es que hoy, nadie en su ‘buena fe’, puede aferrarse a ese prestigio, salvo que sea un hombre de fe, o sea una mujer de fe, y por tanto, necesite aferrarse a algo superior que le diga que es alguien superior. De escaleras y peldaños se trata. Los peldaños de los juegos de plaza tienen un último peldaño y después el abismo. Abisales. Avisale que es víctima del producto de una gran falsificación jerárquica genocida ignorante prepotente que incluyó todas las prácticas desproporcionadas y nefastas que conoce la humana existencia, y la restante. Y no me hables acerca de que hay peores y no me ocupo de ellos. No trates de esconder tu fe. Ya me ocupé de esos otros que tanto te ocupan. Y de por qué te ocupan tanto, también.          
Al menos por aquí, y también por allí, en La Argentina, el comando sionista levanta la polvareda suficiente como para evitar que se vislumbre que los autocomplacientes sentimientos propios son sólo el producto de una gran malversación, de un hiperbolizado esfuerzo ficcional, algo propio como de una epopeya legendaria con pretensión histórica, una sobrespecie de larga ‘novela histórica’. Una donelleada novelona historizada, aunque de gran nivel. En todos los sentidos, de gran nivel.
Pero, como todo artificio tiene un límite, sepamos de uno universalizante por sus efectos disolventes de todo lo versado: la ‘Revolución Arqueológica’, científica, censurada, distorsionada obra de la lituana Marija Gimbutas, la bióloga española Casilda Rodrigañez Bustos y muchos otros, le ha mostrado a quien así lo desee en qué consiste la magnitud de ese gran artificio ficcional.
Si después de enterar a la colectividad judía que su sentido de 'pertenencia’ es el producto de un gran novelón llamado Génesis -algo así como la declaración de principios del patriarcado destructor de la humanidad-, si después de enterarle, persiste en permitir que la involucren en estas prácticas autocentradas que por extensión configuran un obstáculo para el desarrollo de relaciones humanas fraternas, deberé decir que no sé por qué no se dan cuenta que la dirigen personas que la van a perjudicar.

Dfa, 13 de setiembre de 2014.-

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