Por qué la colectividad judía no se da cuenta que la
dirigen personas que la van a perjudicar?
Si bien las metodologías de cooptación y nepotismo son
suficientemente lo común de un rasgo en todas las colectividades, en este caso,
el comando sionista pugna por cubrir todas las vacantes con ‘gente de la cole’,
con lo que a mediano plazo produce lo que ya hoy se puede llamar ‘sobre-representación’,
y más adelante en esta misma lógica, será (tal vez?) directamente exclusión de
cualquier otra persona que no sea de su interés.
Los miembros hoy beneficiados, no se dan cuenta porque por
ahora en épocas de alta desocupación, el comando sionista cumple un papel
aglutinante basado en el amparo ‘de los suyos’. Así, muestra una cara en
público y la otra janiana la deja entrever mediante el trato ríspido e
implacable con todo lo que le moleste o le critique. De este modo, el comando
sionista, no sólo muestra un modo eficaz de enfrentar y defender lo propio de
lo ajeno, sino mediante este particular espejo, les hace ver a sus subordinados
miembros, cómo serán tratados si uno de ellos osase criticar sus prácticas ‘en
público’, porque aquí sigue en valor la distinción público-privado.
Hasta aquí nada nuevo. Se trata de antiguas prácticas
sociales utilizadas desde ‘la más remota antigüedad’. No obstante, se trata en
este caso, también de tales prácticas en una colectividad extremadamente
autocentrada y no parecen debidamente estudiadas las razones de esta especie de
compulsión a mantenerse en dicha pertenencia por parte de las personas que
tengan ‘en su sangre sangre judía’ a pesar de las distancias y el tiempo. Sería
algo así como un hilo que unifica lo que aparece diferente con la sola noticia
de que se tiene dicha procedencia gracias a la de algún miembro directo del
grupo familiar.
El sionismo utiliza políticamente lo que los autodenominados miembros de 'la cole' experimentan como un sentimiento de inmanencia respecto de
algo que ‘está a todas luces bien visto’. Algo así como la pertenencia a una determinada aristocracia. Bien considerado, como una
pertenencia que otorga cierto status, cierto privilegio basado en las leyendas
culturales y en las certezas sociales, en los amores, en los temores y en los
dolores. Y ahora más que en otras épocas, podemos notar que el hilo aglutinante
tiene además una fibra de conveniencia. Ya no hace falta hacer la de Pedro ni
cambiarme el apellido, por el contrario al menos por aquí y allí arriba, es considerado
todo un bien ser portador de apellido.
El artificio literaturesco debería caer si nos atuviésemos a
las más elementales conductas morales, pero, no parece el caso por ahora de que
se note en este caso. De qué artificio hablo.
Mi prestigio, el prestigio que percibo en mí, esa sensación especial, se basa en un cuento, un largo cuento, un bello
cruel eficaz hábil criminal excluyente influyente semhistórico adulterante avasallante
delirante sociópata narciseante atrapante aterrorizante maravillante cuento,
pero un cuento. Mi prestigio me conviene mami. Claro que te conviene hijo. Mi prestigio
me dará soluciones.
Es que hoy, nadie en su ‘buena fe’, puede aferrarse a ese
prestigio, salvo que sea un hombre de fe, o sea una mujer de fe, y por tanto,
necesite aferrarse a algo superior que le diga que es alguien superior. De escaleras
y peldaños se trata. Los peldaños de los juegos de plaza tienen un último
peldaño y después el abismo. Abisales. Avisale que es víctima del producto de una gran
falsificación jerárquica genocida ignorante prepotente que incluyó todas las
prácticas desproporcionadas y nefastas que conoce la humana existencia, y la
restante. Y no me hables acerca de que hay peores y no me ocupo de ellos. No trates
de esconder tu fe. Ya me ocupé de esos otros que tanto te ocupan. Y de por qué
te ocupan tanto, también.
Al menos por aquí, y también por allí, en La Argentina, el comando sionista
levanta la polvareda suficiente como para evitar que se vislumbre que los
autocomplacientes sentimientos propios son sólo el producto de una gran
malversación, de un hiperbolizado esfuerzo ficcional, algo propio como de una
epopeya legendaria con pretensión histórica, una sobrespecie de larga ‘novela
histórica’. Una donelleada novelona historizada, aunque de gran nivel. En todos
los sentidos, de gran nivel.
Pero, como todo artificio tiene un límite, sepamos de uno universalizante por sus efectos disolventes de todo lo versado: la ‘Revolución Arqueológica’, científica, censurada, distorsionada obra de la lituana Marija Gimbutas, la bióloga española Casilda
Rodrigañez Bustos y muchos otros, le ha mostrado a quien así lo desee en qué
consiste la magnitud de ese gran artificio ficcional.
Si después de enterar a la colectividad judía que su sentido
de 'pertenencia’ es el producto de un gran novelón llamado Génesis
-algo así como la declaración de principios del patriarcado destructor de la
humanidad-, si después de enterarle, persiste en permitir que la involucren en
estas prácticas autocentradas que por extensión configuran un obstáculo para el
desarrollo de relaciones humanas fraternas, deberé decir que no sé por qué no
se dan cuenta que la dirigen personas que la van a perjudicar.
Dfa, 13 de setiembre de 2014.-
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