sábado, 27 de diciembre de 2014

quién es el otro responsable...

QUIÉN ES EL OTRO RESPONSABLE
Estas líneas estarán referidas a un artículo aparecido hoy 27 de diciembre de 2014 en Clarín, el gran diario argentino, firmado por el señor Manuel Álvarez Trongué, presidente de la autodenominada Educar 2050. Nuestro interés está en relación con el sentido impreso a la cuestión educativa, titulada en el artículo PARA TENER UNA BUENA EDUCACIÓN NECESITAMOS BUENOS MAESTROS. Este título es autosuficiente y de no ser porque se trata de un grito de guerra no valdría la pena su análisis.
Dice: “…la carrera docente debe exigir excelencia en su formación y quienes ingresan debe reunir requisitos en este sentido, el seguimiento del futuro docente debe ser personal, la capacitación en nuevas tecnologías y su rol en estas técnicas debe ser de alto nivel para saber operar como facilitador y guía de una nueva sociedad del conocimiento y la exigencia en la disciplina elegida y la capacitación continua.”
En el artículo también se dice: los docentes deberán ser ‘facilitadores y guías de una nueva sociedad del conocimiento’. ‘El seguimiento del futuro docente debe ser personal’.
De aquí surge que no hace falta que el Estado intervenga en apoyo a la formación docente, que haya cursos en horarios de trabajo, o impulsos de conjunto, u horas reconocidas para la tarea  planificante. Eso sí, para cumplir con la capacitación continua exigida (CCE), podrá apelarse al ACP.1
Sigue: “Valorar la carrera docente no supone solo un incremento de sueldo (aunque lo requiere en ciertos segmentos, ya que la información de los exámenes PISA señala que los salarios docentes argentinos se encuentran entre los más bajos del mundo)…”.
Aquí exige, que para el logro de la jerarquización de la actividad no será necesario elevar los salarios, sino que los docentes deberán entrenarse a sí mismos haciendo foco en la premisa estoico-kantiana (aprender a sufrir), y habituarse a trabajar haciendo marco en la retribución adecuada, ya que esa es la clave del sacerdocio que la tarea exige en la ‘nueva sociedad del conocimiento’.
También señala que estamos ante un “…desafío de valorizar la profesión”, que los docentes deberán cumplir teniendo a la vista que “…nuestra Ley de Educación Nacional de 2006 reconoció que la jerarquización del docente es el factor clave del ‘mejoramiento de la calidad’ educativa”.
Muy bien, pero resulta que en la visión de Trongué, este desafío y esta clave se plantea como una cuestión de carácter individual, señala a la docencia, asegura su bajo nivel, y exige que cada docente y cada docenta salga individualmente de la desvalorización a la que llegó mediante prácticas irresponsables. Como buen planteo liberal habla de una ‘puesta en valor’ de la tarea docente, como si se tratase de un inmueble. Pero dicha puesta en valor tendrá que hacerla por su cuenta cuentapropista cada uno de los miembros del sector docente entendido como único responsable de la situación.
Todo está claro en este artículo: la’ docencia’ llegó por su cuenta a este punto tan bajo. No hay proceso, ni factores que la hayan empujado a este abismo. Es ella sola la que por su propia cuenta se ha desvalorizado y nos perjudica a todos.
Culmina Trongué: “Es hora que como sociedad lo exijamos. Mejor educación es sinónimo de buenos docentes”.  A esta declaración de hostilidades que cae en dequeísmo, le corresponde una digresión.
Hagamos un ejercicio mínimo. Hace un siglo, a principios del siglo precedente, el inefable José María Ramos Mejía, por entonces ministro de Educación de la nueva Nación, señalaba a los padres como responsables del desastre educativo. Fue casi natural, casi, los padres aquéllos muchos de ellos recién llegados en barco, no votaban porque no estaba en vigencia el sufragio universal que impuso la democracia indirecta. Por entonces imperaba un tipo especial de democracia directa: la élite designaba a sus funcionarios cooptados de entre sus propias ‘buenas familias’.
Del trípode responsable de una sociedad como la actual –Estado, padres, docencia-, fueron los padres los señalados al comienzo de la nacionalidad. A cien años de aquél oprobio, los señalados responsables de este desastre son maestros y profesores, es decir, la docencia. Queda en claro que el Estado, entendido como superestructura económica-jurídico-política y militar al servicio de una clase o sector social diferenciado, está habituado a la impunidad y jamás se inculpará a sí mismo del fracaso de sus estratégicas políticas públicas.  
Queda expuesto que este Estado fracasado e impune cuenta con un invalorable y multitudinario servicio de escribas de beneficio indeterminado, similares a Trongué.
Queda en claro, o al menos más claro, algo que ya amanecía durante el alfon-cinismo, responsable de gruesos ataques al gremio docente, al Magisterio: que el Estado, en el ejercicio de su rol patronal-corregidor-vigía-interventor-represor, cuenta con un ejército inteligente destinado a hacer que el docente se perciba o perciba a sus compañeros como responsables del fracaso educativo, y de ninguna manera que perciba como factor clave del fracaso a la conducción de la sociedad.
Este fracasado Estado que ataca o permite el ataque al planeta, a la tierra, al agua, a las mujeres, a los jóvenes, a la población mundial, merece nuestra atención.
Atención, como si esto fuese poco, el estado burgués mundial ya cumple con los requisitos del libro de las Revelaciones en cuanto a qué es y cómo identificar a la Bestia, pero, lamentablemente,  no podemos pretender que la Bestia apocalíptica se señale a sí misma. Deberemos cercarla y abatirla. Esta bestia, con el objeto de mostrar su infalibilidad artificiosa, es muy capaz de hacer cumplir las Sagradas Escrituras. Sí, tiene armamento y fanatismo suficiente. Aunque no lo creamos a primera vista, de un repaso a la complejidad de la situación, una docencia responsable sabe que estamos ante un caso de vida o muerte.
1.-ACP (arreglate como puedas).

Daniel f. Ahumada, profesor de filosofía (uba), miembro de Ademys, fundador de El Fracaso del Patriarcado.

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