domingo, 19 de julio de 2015

contractualismo económico: el sueño de thomas piketty (bajo lic cc)

Contractualismo económico, el sueño de Thomas Piketty...
Frente al caos producido por la emergencia de la economía de mercado y ante los graves problemas institucionales que afrontaba la lucha entre los diferentes intereses de clase, e incluso al interior de los mismos sectores dominantes en las ‘naciones’ europeas a finales del siglo xvii, surgió una novedosa metodología que intentaba poner orden y legibilidad a los derechos de la nueva clase que surcaba hacia el poder: la burguesía industrial europea. Esta metodología denominada contractualismo prometía solucionar las desavenencias que se notaban al interior de los sectores dominantes y que dificultaban el acceso al orden social.
Fueron diferentes los modelos metodológicos contractualistas propuestos aunque en la base yacía una idéntica preocupación en los pensadores del sistema. Así fue que se logró contractualizar el devenir político, el social y el cultural, aunque se dejó de lado el área base de la vida de los pueblos: lo económico.
El área económica no ingresó en los planes del planteo metodológico por supuestas diferencias entre los teóricos acerca de qué es, en qué consiste y cómo debe tratarse el problema económico, por sobre todo las cuestiones propias de la surgente economía política.
De este modo parcial se desarrollaron los primeros acuerdos contractuales que produjeron grandes aportes y beneficios surgidos de los comportamientos pautados al interior de cada uno de los países que lo implementaron. Los contratos de carácter social lograron mostrarse como un medio resolutivo y eficaz como para afrontar cuestiones referidas al desarrollo de la vida de los pueblos involucrados, aunque jamás lograron erradicar el recurso a la guerra. De este modo transcurrieron los años necesarios como para que llegase a mediados del siglo xix el planteo de Carlos Marx, y con él se iluminó el sector económico del campo vital y la razón por la que el contractualismo lo había dejado yermo.
Sumariamente, el planteo de Marx indica que los problemas que ofrece la dinámica del sistema capitalista son de carácter endógeno, es decir, que no obedece su derrotero a ninguna lógica racional surgida de un planteo humano, y esta posición lo llevó a postular que la lógica propia del sistema lo conducía a concebir su propia superación, agreguemos obviamente de manera no automática.
Esta posición fue sistemáticamente abucheada por los defensores sistémicos aunque jamás dieron pruebas contundentes hasta el hoy respecto a en qué consistiría el supuesto error de Marx. La versión de Marx tomó forma al postular a la economía como resorte de situaciones en primer término, y en una posición subsidiaria a la política. Los políticos y los economistas burgueses y proburgueses destacaron el ‘error’ de Marx postulando a la política como primer resorte productor de situaciones, y enviando a la economía al sector de las subsidiariedades. Sin embargo, en este marco habían aceptado la persistencia de una ‘mano invisible’ que operaba el derrotero del ‘mercado’. Fue sólo una cuestión casi dogmática el enfrentar el planteo de Marx y el posterior de los marxistas, ya que la posición proburguesa hasta el presente no puede probar su razón, de lo contrario la ‘mano invisible’ habría dejado de existir. Hasta el hoy, quienes atacan a Marx no han logrado razones de peso como para afectar la continuidad de su vigencia en esta crucial cuestión acerca de ‘en qué consiste el capitalismo’.
En esta carencia se funda la intención desesperada de Thomas Piketty: Cómo es posible que los teóricos procapitalistas yerren en el diagnóstico y desconozcan en qué consiste ‘lo esencial’ de su invención económica, social y cultural.
Piketty, como buen economista profesional, no desconoce esta clave del debate, es más, no sólo que la conoce sino que la considera el motor pasional de su aporte a la historia de la economía política y del capitalismo mismo. Sería maravilloso para Piketty, lograr que los actores económicos, políticos y sociales alcancen un acuerdo contractual en el ámbito económico, liquidando por fin tres siglos de desorden irracional.
Es esta obviamente, una intención base y un objetivo madre de fondo en la obra de Piketty: lograr mostrar que la economía política tiene resortes políticos en su formulación y sus resoluciones, tirar abajo al fantasma del siempre incómodo Marx, dotar a la burguesía de la conciencia suficiente como para resolver la carencia histórica del método contractualista.
El sueño de Piketty es un sueño burgués, y como tal, es altamente probable que esté condenado al fracaso. Todo dependerá del grado de automatismo al infinito que logre el sistema bloqueando los intentos de derrocamiento a que se ve expuesto, o promoviendo con éxito los intentos restauradores. El sistema capitalista ha demostrado por todas las vías posibles no sólo que es la obra maestra del patriarcado, ni sólo que ha fracasado en la resolución de los problemas que afectan a la vida humana en su conjunto, sino que su prosecución amenaza efectivamente la continuidad de la vida misma.

Dfa, 19 de julio de 2015.-   










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