Contractualismo económico, el sueño de Thomas Piketty...
Frente al caos producido por la emergencia de la economía de
mercado y ante los graves problemas institucionales que afrontaba la lucha
entre los diferentes intereses de clase, e incluso al interior de los mismos
sectores dominantes en las ‘naciones’ europeas a finales del siglo xvii, surgió
una novedosa metodología que intentaba poner orden y legibilidad a los derechos
de la nueva clase que surcaba hacia el poder: la burguesía industrial europea. Esta
metodología denominada contractualismo prometía solucionar las desavenencias
que se notaban al interior de los sectores dominantes y que dificultaban el
acceso al orden social.
Fueron diferentes los modelos metodológicos contractualistas
propuestos aunque en la base yacía una idéntica preocupación en los pensadores
del sistema. Así fue que se logró contractualizar el devenir político, el
social y el cultural, aunque se dejó de lado el área base de la vida de los
pueblos: lo económico.
El área económica no ingresó en los planes del planteo
metodológico por supuestas diferencias entre los teóricos acerca de qué es, en
qué consiste y cómo debe tratarse el problema económico, por sobre todo las
cuestiones propias de la surgente economía política.
De este modo parcial se desarrollaron los primeros acuerdos
contractuales que produjeron grandes aportes y beneficios surgidos de los
comportamientos pautados al interior de cada uno de los países que lo
implementaron. Los contratos de carácter social lograron mostrarse como un
medio resolutivo y eficaz como para afrontar cuestiones referidas al desarrollo
de la vida de los pueblos involucrados, aunque jamás lograron erradicar el
recurso a la guerra. De este modo transcurrieron los años necesarios como para
que llegase a mediados del siglo xix el planteo de Carlos Marx, y con él se
iluminó el sector económico del campo vital y la razón por la que el
contractualismo lo había dejado yermo.
Sumariamente, el planteo de Marx indica que los problemas
que ofrece la dinámica del sistema capitalista son de carácter endógeno, es
decir, que no obedece su derrotero a ninguna lógica racional surgida de un
planteo humano, y esta posición lo llevó a postular que la lógica propia del
sistema lo conducía a concebir su propia superación, agreguemos obviamente de
manera no automática.
Esta posición fue sistemáticamente abucheada por los
defensores sistémicos aunque jamás dieron pruebas contundentes hasta el hoy
respecto a en qué consistiría el supuesto error de Marx. La versión de Marx tomó
forma al postular a la economía como resorte de situaciones en primer término,
y en una posición subsidiaria a la política. Los políticos y los economistas
burgueses y proburgueses destacaron el ‘error’ de Marx postulando a la política
como primer resorte productor de situaciones, y enviando a la economía al
sector de las subsidiariedades. Sin embargo, en este marco habían aceptado la
persistencia de una ‘mano invisible’ que operaba el derrotero del ‘mercado’. Fue
sólo una cuestión casi dogmática el enfrentar el planteo de Marx y el posterior
de los marxistas, ya que la posición proburguesa hasta el presente no puede
probar su razón, de lo contrario la ‘mano invisible’ habría dejado de existir. Hasta
el hoy, quienes atacan a Marx no han logrado razones de peso como para afectar
la continuidad de su vigencia en esta crucial cuestión acerca de ‘en qué
consiste el capitalismo’.
En esta carencia se funda la intención desesperada de Thomas
Piketty: Cómo es posible que los teóricos procapitalistas yerren en el
diagnóstico y desconozcan en qué consiste ‘lo esencial’ de su invención
económica, social y cultural.
Piketty, como buen economista profesional, no desconoce esta
clave del debate, es más, no sólo que la conoce sino que la considera el motor
pasional de su aporte a la historia de la economía política y del capitalismo
mismo. Sería maravilloso para Piketty, lograr que los actores económicos,
políticos y sociales alcancen un acuerdo contractual en el ámbito económico,
liquidando por fin tres siglos de desorden irracional.
Es esta obviamente, una intención base y un objetivo madre de
fondo en la obra de Piketty: lograr mostrar que la economía política tiene
resortes políticos en su formulación y sus resoluciones, tirar abajo al
fantasma del siempre incómodo Marx, dotar a la burguesía de la conciencia
suficiente como para resolver la carencia histórica del método contractualista.
El sueño de Piketty es un sueño burgués, y como tal, es
altamente probable que esté condenado al fracaso. Todo dependerá del grado de
automatismo al infinito que logre el sistema bloqueando los intentos de derrocamiento
a que se ve expuesto, o promoviendo con éxito los intentos restauradores. El sistema
capitalista ha demostrado por todas las vías posibles no sólo que es la obra
maestra del patriarcado, ni sólo que ha fracasado en la resolución de los
problemas que afectan a la vida humana en su conjunto, sino que su prosecución
amenaza efectivamente la continuidad de la vida misma.
Dfa, 19 de julio de 2015.-
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