No obstante, para mí... -quién soy yo, nadie, nadie menor distinto de los alguien-. No obstante para mí, poeta, el Martín Fierro, una obra escrita mediante plena simbología patriarcal, trabaja inconciente en el significado registro
de nuestro sello de origen pastoril, seminómade, luego aldeano: la vuelta al rebaño como imperativo cuasi
biológico propio de la lógica del dominado.
La Vuelta hacia dónde. Hacia el redil, hacia la sopa en la que se
licuidifica impetuosidad. En qué momento: a fines del siglo xix,
momento en el que las papas comenzaban a quemarles el corral a las elites.
Si el Martín Fierro es el
poema nacional, alguien ha transferido su patente de esclavos a nuestra Nación. Pero como a mí los problemas
nacionales se me enconan en lo global humano, mi quejica amarga va en otro
sentido algo menos estrecho, aunque tiene nombre: Leopoldo.
Pero Lugones,
chamigo, ¿tanto le desesperaba ese ‘otro’ que saltaba de los barcos en pelotas? Usted,
tan otrora socialista fundador del partido, ¿no supo echar un vistazo por debajo de los chiripáes europeos hasta corroborar mismas pelotas con no tan distinto anarquizante aroma a ruido? Aquí me dicen que usted sufrió un ataque aristoprovinciano de jvg. Y, podría ser.
Usted recordará a pesar de los tiempos, que el gaucho Martín Fierro en La Ida, es un anarco de los genuinos. Ah, le obnubilaron los destellos del desorden que percibió en La Ida,
y corrió dios nos libre hasta la esquina del aplauso por
La Vuelta. Pero Lugones,
chamigo, tristeza es verlo a usted envuelto en un estrecho de aquél desvelo.
La Vuelta de Martín Fierro fue escrita por encargo de los aprendices de burgués concientes de que algo andaba por fuera del rebaño en nuestra patria. Haga memoria amigo. Un encargo de muy similar signo aunque de una muy distinta magnitud, le habían encomendado a Homero, con el fin mitologizante que borrara las inmensas huellas de las sociedades maternales previas al patriarcado, tan incómodas, tan opuestas a lo mío-tuyo, tan proclives al ‘nosotros’, tan americanas nativas, tan naturalmente opuestas a la propiedad privada y a los personalismos. Pero Lugones, chamigo, dónde quedó su hombría de bien pensante, quién asesoró su imagen, lo suyo es fastuosamente tinellesco, haga el favor Lugones, devuélvanos la plata. Que usted no tiene, que fue un hombre sano. Y bueno, que hagan o pidan una vaquita Marechal, Rosa, y el resto de la forja dominado. No sé.
La Vuelta de Martín Fierro fue escrita por encargo de los aprendices de burgués concientes de que algo andaba por fuera del rebaño en nuestra patria. Haga memoria amigo. Un encargo de muy similar signo aunque de una muy distinta magnitud, le habían encomendado a Homero, con el fin mitologizante que borrara las inmensas huellas de las sociedades maternales previas al patriarcado, tan incómodas, tan opuestas a lo mío-tuyo, tan proclives al ‘nosotros’, tan americanas nativas, tan naturalmente opuestas a la propiedad privada y a los personalismos. Pero Lugones, chamigo, dónde quedó su hombría de bien pensante, quién asesoró su imagen, lo suyo es fastuosamente tinellesco, haga el favor Lugones, devuélvanos la plata. Que usted no tiene, que fue un hombre sano. Y bueno, que hagan o pidan una vaquita Marechal, Rosa, y el resto de la forja dominado. No sé.
Pero no me distraiga Lugones, le estoy hablando del Martín Fierro, lo suyo es, lo suyo, es imprescriptble, usted nos robó el agua, usted, lector de Marx y Bakunin.
Haga el
favor Lugones, devuélvanos la sed.
dfa, 22-8-2014.-
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