lunes, 13 de abril de 2015

atribuir diosas a la revolución arqueológica es falaz bajo licencia creative commons

Hace ya cincuenta años, sucedió un acontecimiento histórico en Europa. Por obra de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas y su equipo, fue desenterrada una civilización de hasta 10 mil años de antigüedad, de signo radicalmente opuesto al modelo patriarcal de vida.
Esta civilización fue denominada ‘Vieja Europa’, y se extendió en el tercio oriental europeo y el cercano oriente, en un amplísimo territorio. Poco después, lamentablemente esta valiosísima información comenzó a recibir ataques, desfinanciaron las investigaciones, persiguieron a los científicos, distorsionaron el legado y continúan en un gran esfuerzo de censura y malversación, tal vez debido a que esta información científica validada afecta todas las áreas del saber civilizatorio patriarcal, muestra que esta no es la primera gran civilización, y señala por comparación que la actual se reduce a un sistema de dominación que ocluye el desarrollo pleno de la vida y la pone en peligro de extinción, en lo que hemos dado en llamar ‘EL FRACASO DEL PATRIARCADO’.
De esta información tenemos a disposición 30 mil estatuillas, decenas de ciudades algunas con hasta 20 mil habitantes, y sus costumbres, modo de producción agrícola, trabajo lúdico, espontaneidad sexual, amparo, prioridad en las criaturas, de intercambio y de relación, características de reproducción, expresividad artística refinada, ausencia de jerarquías, escritura incipiente, todo lo cual configura un naturalismo firme, basado en relaciones no jerárquicas de reciprocidad, armonía y paz, con excedente económico sin la formación de una superestructura estatal.
Solicitamos atender el sentido profundo de este legado porque consideramos que en él se juega el sentido de nuestro natural modo de ser, cuando no es sometido, cuando no sufre represión legal que ocluye la espontánea expresividad.
Acto seguido, indagaremos en la atribución de diosas a este legado, en lo que constituye una destructiva interpretación insistente y tendenciosa acerca de la información que revela la denominada ‘Revolución Arqueológica’, en el marco cultural de la llamada ‘Vieja Europa’.
Trabajaremos en este artículo, la posición a nuestro juicio distorsionante publicada por Anne Baring y Jules Cashford, en su libro ‘El mito de la diosa’.

Argumento Baring-Cashford:
-las estatuillas representan a una mujer,
-las estatuillas representan a todas las mujeres,
-a las estatuillas se las dotó de carácter ritual,
-están imbuidas del misterio manifiesto del nacimiento,
-imbuidas del misterio no manifiesto del nacimiento,
-las imágenes trascienden el cuerpo femenino,
-a través del nacimiento conducen al misterio de la vida misma,
a) se debe admitir su significado religioso.
-ídolos no son,
-llamarlas venus es incorrecto,
-llamarlas estatuillas es incorrecto,
b) todas las culturas acceden a la dimensión de lo sagrado,
b’) lo sagrado es  un elemento de la estructura de la conciencia de todo pueblo,
b’’) lo sagrado es un elemento de la estructura de la conciencia de todas las épocas, 
b’’’) poseen dignidad original,
b’’’’) debemos devolverles la dignidad original,
Conclusión: es correcto llamarlas ‘diosa madre’ o ‘diosa’.-

Según la falacia-argumento Baring-Cashford, veremos ahora por qué serían sagradas ‘las estatuillas’…
-fueron dotadas de carácter ritual, están imbuidas del misterio del nacimiento, muestran el misterio de la vida, trascienden el cuerpo femenino, conducen al misterio de la vida, por tanto, son sagradas.
El sendero recorrido por las autoras atribuye de este modo lo mágico-religioso a los pueblos antiguos en general. Consideran que la vida para ellos era un misterio, que el nacimiento era un misterio porque, ellos ignoraban qué es el nacimiento, utilizaban el cuerpo femenino para aclarar ese misterio, porque el cuerpo era sólo un vehículo para fines sagrados, algo así como un culto al cuerpo como medio físico para un fin espiritual. Esta atribución genera un dualismo que difícilmente se sostiene en la información indagada.
No obstante, los pueblos de la ‘Vieja Europa’, conocían perfectamente el ‘nacimiento’, en qué consistía, las lunas, podían evitar los embarazos sin aditamentos, conocían las funciones decisivas del útero, ¿No sabían que el varón era secundario biológicamente para la concepción (vs Mendel), ¿cómo sabemos que no sabían? La palabra ‘Misterio’ en la falacia Baring-Cashford tiene también un significado religioso, utilizan deliberadamente la ambigüedad del concepto para confundir planos de indagación, le atribuyen el sentido mistérico de un acto religioso a la concepción, o bien de un acto ciego producto de algo mágico que justifique un culto. Qué pobreza.
Mediante el cerco de estas dos atribuciones excluyen una tercera, la posibilidad de que la matrística haya conocido en términos científicos el significado del nacimiento, y van directamente a la variable ‘cósmica’ del posible surgimiento de la vida o su renovación, excluyendo del tratamiento del acto reproductivo su conciente valor material concreto, social y civilizatorio.
Tengamos en cuenta que según informes científicos, habría vestigios humanos desde hace 400 mil años en Siberia, y de 600 mil en el Cántabro. Los restos que tenemos coinciden con los tiempos inmediatamente posteriores a las últimas explosiones de sistemas volcánicos en Yellowstone al menos. Tiempo suficiente para aprender algo.
Ahora bien sentados. Todo el argumento tiene una premisa oculta: que todos los pueblos antiguos del paleolítico (40 mil años según la máxima edad de las ‘diosas’ talladas) eran ignorantes o bien que ignoraban el proceso vital de reproducción. Esto postula que estuvieron 560 mil o bien 360 mil años, o en otros registros 300 mil años, mirando pasivamente. Esta posición se autojustifica la atribución de divinidades o algo superior postulado, negando simplemente que aquéllos iniciaran la búsqueda de explicaciones biológicas o bien que las tuvieran. Qué soberbia la nuestra. Esta posición es muy cómoda, simplemente postula que los pueblos antiguos ignoraban porque no eran curiosos, o bien porque no tenían los medios de indagación, o bien porque se regodeaban en la ignorancia a pesar de enormes desarrollos validados.
 Aquí se aventuran, porque postulan que los humanos no siempre fueron ávidos de conocer. Se apresuran en imaginar que todos los pueblos aquéllos estaban obsesionados con las estrellas que les alumbraban el cosmos, pero haciendo fueguitos o chucherías, porque no sabían como sí sabemos nosotros, que somos seres participantes de lo celeste porque tenemos en nuestro cuerpo al menos 92 huellas minerales que compartimos con el cosmos. Es decir, dicen que esos pueblos se volvieron hacia lo mistérico religioso, porque no podían resolver el misterio debido a su supuesta ignorancia.
Muy conveniente la ostentación cognoscente de estas autoras que supone más de lo que saben acerca de aquéllos a quienes dedican su desdén. Aquéllos pueblos podían ver las lunas de Júpiter, los anillos de Saturno, de día, a pleno sol, lo cual fue incluso testimoniado por antropólogos insospechados. Sin embargo, este modo de enfrentar el tema que poseen las autoras, se desliza hacia el sistema conceptual con el que nos enseñó a pensar el patriarcado, y las autoras cayeron, repiten el modelo, pareciera inintencionalmente.
Este esfuerzo de las autoras sólo pareciera ser un enfoque típicamente whig, basado en un posicionamiento lineal, por acumulación, evolutivo, de lo más ignorante a lo sapiente. Típico de la soberbia patriarcal que supone posicionarse en el comienzo de los saberes, con la pretensión abusiva de postular que antes que la cosmovivión patriarcal no existió nada de valor que merezca la pena. Peor aun, supone que lo previo piensa como él, con todos sus temores, sus prejuicios, sus vacilaciones de antaño, con toda su sólida soberbia actual.
El problema al que se enfrenta esta posición es que presume mucho más de lo que sabe. El objetivo oculto tal vez sea negar el naturalismo en el que se desarrolló aquélla civilización, con lo cual afectan gravemente la posición femenina en cuanto a la apropiación de su inmanencia.
La tozuda presencia de la atribución de divinidad a las estatuillas sin pruebas contundentes y ante fuerte evidencia en contra, se debe a que nuestro sistema conceptual está adocenado y actúa automáticamente a favor de lo estatuido en nuestra cultura, pero en este caso particularísimo, lo que nuestro automatismo no puede aceptar es la certeza validada científicamente por la investigación arqueológica, porque simplemente rompe el paradigma occidental de pensamiento, modelo que presume de universalidad, impuesto por el modo de vida patriarcal basado en la violencia jerárquica usurpadora y sometiente.
Lo que no soporta nuestro paradigma dominante es que la arqueología halló una civilización europea y asiática que vivió miles de años sin la promoción de jerarquía alguna en términos armónicos y pacíficos. También en Perú ha surgido una sociedad similar preincaica. No lo soporta porque este hallazgo muestra que la civilización patriarcal pastoril ha sometido la vida, ha impugnado los saberes y las prácticas eficaces, ha devastado la tierra, ha desnaturalizado los comportamientos, ha mutilado a la especie humana y ha mostrado también, que sólo se trata de un grande y vetusto artificio incapaz de promover la vida sin parodiarla mediante el concurso del Poder.
Podemos por fin, enviar a Marija Gimbutas un enorme agradecimiento y una disculpa por el desliz divinizante de su obra, así como por ahora negarles disculpas a Riane Eisler, a Anne Baring, a Jules Cashford y tantas otras mujeres que se ocupan de someter, lo sepan no, a la matrística al sistema de dominación patriarcal, mediante la negación del naturalismo omnipresente en la ‘Vieja Europa’. Tanto así, como un saludo a Casilda Rodrigañez Bustos, quien ha sabido comprender que en la denuncia de esta distorsión sacramental se juega el profundo sentido feminal de la promoción de la naturaleza espontánea y autoreguladora de la vida.

En este acto, hemos querido indagar la vida en su versión humana maternal, así como declarar nuestra firme disposición a firmar el acta de defunción del patriarcado antes de que él logre hacerlo con nosotros.  

dfa, buenos aires, 12 de abril de 2015.-

<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/"><img alt="Licencia Creative Commons" style="border-width:0" src="https://i.creativecommons.org/l/by/4.0/88x31.png" /></a><br /><span xmlns:dct="http://purl.org/dc/terms/" property="dct:title">atribuir diosas a la revolución arqueológica es falaz</span> por <a xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" href="daniel fernandez ahumada" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL">daniel fernandez ahumada</a> se distribuye bajo una <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional</a>.





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