Hace ya cincuenta años, sucedió un acontecimiento histórico
en Europa. Por obra de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas y su equipo, fue
desenterrada una civilización de hasta 10 mil años de antigüedad, de signo
radicalmente opuesto al modelo patriarcal de vida.
Esta civilización fue denominada ‘Vieja Europa’, y se
extendió en el tercio oriental europeo y el cercano oriente, en un amplísimo
territorio. Poco después, lamentablemente esta valiosísima información comenzó
a recibir ataques, desfinanciaron las investigaciones, persiguieron a los
científicos, distorsionaron el legado y continúan en un gran esfuerzo de
censura y malversación, tal vez debido a que esta información científica
validada afecta todas las áreas del saber civilizatorio patriarcal, muestra que
esta no es la primera gran civilización, y señala por comparación que la actual
se reduce a un sistema de dominación que ocluye el desarrollo pleno de la vida
y la pone en peligro de extinción, en lo que hemos dado en llamar ‘EL FRACASO
DEL PATRIARCADO’.
De esta información tenemos a disposición 30 mil
estatuillas, decenas de ciudades algunas con hasta 20 mil habitantes, y sus
costumbres, modo de producción agrícola, trabajo lúdico, espontaneidad sexual,
amparo, prioridad en las criaturas, de intercambio y de relación,
características de reproducción, expresividad artística refinada, ausencia de
jerarquías, escritura incipiente, todo lo cual configura un naturalismo firme,
basado en relaciones no jerárquicas de reciprocidad, armonía y paz, con
excedente económico sin la formación de una superestructura estatal.
Solicitamos atender el sentido profundo de este legado
porque consideramos que en él se juega el sentido de nuestro natural modo de
ser, cuando no es sometido, cuando no sufre represión legal que ocluye la
espontánea expresividad.
Acto seguido, indagaremos en la atribución de diosas a este
legado, en lo que constituye una destructiva interpretación insistente y
tendenciosa acerca de la información que revela la denominada ‘Revolución
Arqueológica’, en el marco cultural de la llamada ‘Vieja Europa’.
Trabajaremos en este artículo, la posición a nuestro juicio
distorsionante publicada por Anne Baring y Jules Cashford, en su libro ‘El mito
de la diosa’.
Argumento Baring-Cashford:
-las estatuillas representan a una mujer,
-las estatuillas representan a todas las mujeres,
-a las estatuillas se las dotó de carácter ritual,
-están imbuidas del misterio manifiesto del nacimiento,
-imbuidas del misterio no manifiesto del nacimiento,
-las imágenes trascienden el cuerpo femenino,
-a través del nacimiento conducen al misterio de la vida
misma,
a) se debe admitir su significado religioso.
-ídolos no son,
-llamarlas venus es incorrecto,
-llamarlas estatuillas es incorrecto,
b) todas las culturas acceden a la dimensión de lo sagrado,
b’) lo sagrado es un
elemento de la estructura de la conciencia de todo pueblo,
b’’) lo sagrado es un elemento de la estructura de la
conciencia de todas las épocas,
b’’’) poseen dignidad original,
b’’’’) debemos devolverles la dignidad original,
Conclusión: es correcto llamarlas ‘diosa madre’ o ‘diosa’.-
Según la falacia-argumento Baring-Cashford, veremos ahora
por qué serían sagradas ‘las estatuillas’…
-fueron dotadas de carácter ritual, están imbuidas del
misterio del nacimiento, muestran el misterio de la vida, trascienden el cuerpo
femenino, conducen al misterio de la vida, por tanto, son sagradas.
El sendero recorrido por las autoras atribuye de este modo
lo mágico-religioso a los pueblos antiguos en general. Consideran que la vida
para ellos era un misterio, que el nacimiento era un misterio porque, ellos
ignoraban qué es el nacimiento, utilizaban el cuerpo femenino para aclarar ese
misterio, porque el cuerpo era sólo un vehículo para fines sagrados, algo así
como un culto al cuerpo como medio físico para un fin espiritual. Esta
atribución genera un dualismo que difícilmente se sostiene en la información
indagada.
No obstante, los pueblos de la ‘Vieja Europa’, conocían
perfectamente el ‘nacimiento’, en qué consistía, las lunas, podían evitar los
embarazos sin aditamentos, conocían las funciones decisivas del útero, ¿No
sabían que el varón era secundario biológicamente para la concepción (vs
Mendel), ¿cómo sabemos que no sabían? La palabra ‘Misterio’ en la falacia
Baring-Cashford tiene también un significado religioso, utilizan
deliberadamente la ambigüedad del concepto para confundir planos de indagación,
le atribuyen el sentido mistérico de un acto religioso a la concepción, o bien
de un acto ciego producto de algo mágico que justifique un culto. Qué pobreza.
Mediante el cerco de estas dos atribuciones excluyen una
tercera, la posibilidad de que la matrística haya conocido en términos
científicos el significado del nacimiento, y van directamente a la variable
‘cósmica’ del posible surgimiento de la vida o su renovación, excluyendo del
tratamiento del acto reproductivo su conciente valor material concreto, social
y civilizatorio.
Tengamos en cuenta que según informes científicos, habría
vestigios humanos desde hace 400 mil años en Siberia, y de 600 mil en el
Cántabro. Los restos que tenemos coinciden con los tiempos inmediatamente
posteriores a las últimas explosiones de sistemas volcánicos en Yellowstone al
menos. Tiempo suficiente para aprender algo.
Ahora bien sentados. Todo el argumento tiene una premisa
oculta: que todos los pueblos antiguos del paleolítico (40 mil años según la
máxima edad de las ‘diosas’ talladas) eran ignorantes o bien que ignoraban el
proceso vital de reproducción. Esto postula que estuvieron 560 mil o bien 360
mil años, o en otros registros 300 mil años, mirando pasivamente. Esta posición
se autojustifica la atribución de divinidades o algo superior postulado,
negando simplemente que aquéllos iniciaran la búsqueda de explicaciones
biológicas o bien que las tuvieran. Qué soberbia la nuestra. Esta posición es
muy cómoda, simplemente postula que los pueblos antiguos ignoraban porque no
eran curiosos, o bien porque no tenían los medios de indagación, o bien porque
se regodeaban en la ignorancia a pesar de enormes desarrollos validados.
Aquí se aventuran,
porque postulan que los humanos no siempre fueron ávidos de conocer. Se
apresuran en imaginar que todos los pueblos aquéllos estaban obsesionados con
las estrellas que les alumbraban el cosmos, pero haciendo fueguitos o
chucherías, porque no sabían como sí sabemos nosotros, que somos seres
participantes de lo celeste porque tenemos en nuestro cuerpo al menos 92
huellas minerales que compartimos con el cosmos. Es decir, dicen que esos
pueblos se volvieron hacia lo mistérico religioso, porque no podían resolver el
misterio debido a su supuesta ignorancia.
Muy conveniente la ostentación cognoscente de estas autoras
que supone más de lo que saben acerca de aquéllos a quienes dedican su desdén.
Aquéllos pueblos podían ver las lunas de Júpiter, los anillos de Saturno, de
día, a pleno sol, lo cual fue incluso testimoniado por antropólogos
insospechados. Sin embargo, este modo de enfrentar el tema que poseen las
autoras, se desliza hacia el sistema conceptual con el que nos enseñó a pensar
el patriarcado, y las autoras cayeron, repiten el modelo, pareciera
inintencionalmente.
Este esfuerzo de las autoras sólo pareciera ser un enfoque
típicamente whig, basado en un posicionamiento lineal, por acumulación,
evolutivo, de lo más ignorante a lo sapiente. Típico de la soberbia patriarcal
que supone posicionarse en el comienzo de los saberes, con la pretensión
abusiva de postular que antes que la cosmovivión patriarcal no existió nada de
valor que merezca la pena. Peor aun, supone que lo previo piensa como él, con
todos sus temores, sus prejuicios, sus vacilaciones de antaño, con toda su
sólida soberbia actual.
El problema al que se enfrenta esta posición es que presume
mucho más de lo que sabe. El objetivo oculto tal vez sea negar el naturalismo
en el que se desarrolló aquélla civilización, con lo cual afectan gravemente la
posición femenina en cuanto a la apropiación de su inmanencia.
La tozuda presencia de la atribución de divinidad a las
estatuillas sin pruebas contundentes y ante fuerte evidencia en contra, se debe
a que nuestro sistema conceptual está adocenado y actúa automáticamente a favor
de lo estatuido en nuestra cultura, pero en este caso particularísimo, lo que
nuestro automatismo no puede aceptar es la certeza validada científicamente por
la investigación arqueológica, porque simplemente rompe el paradigma occidental
de pensamiento, modelo que presume de universalidad, impuesto por el modo de
vida patriarcal basado en la violencia jerárquica usurpadora y sometiente.
Lo que no soporta nuestro paradigma dominante es que la
arqueología halló una civilización europea y asiática que vivió miles de años
sin la promoción de jerarquía alguna en términos armónicos y pacíficos. También
en Perú ha surgido una sociedad similar preincaica. No lo soporta porque este
hallazgo muestra que la civilización patriarcal pastoril ha sometido la vida,
ha impugnado los saberes y las prácticas eficaces, ha devastado la tierra, ha
desnaturalizado los comportamientos, ha mutilado a la especie humana y ha
mostrado también, que sólo se trata de un grande y vetusto artificio incapaz de
promover la vida sin parodiarla mediante el concurso del Poder.
Podemos por fin, enviar a Marija Gimbutas un enorme
agradecimiento y una disculpa por el desliz divinizante de su obra, así como
por ahora negarles disculpas a Riane Eisler, a Anne Baring, a Jules Cashford y
tantas otras mujeres que se ocupan de someter, lo sepan no, a la matrística al
sistema de dominación patriarcal, mediante la negación del naturalismo
omnipresente en la ‘Vieja Europa’. Tanto así, como un saludo a Casilda
Rodrigañez Bustos, quien ha sabido comprender que en la denuncia de esta
distorsión sacramental se juega el profundo sentido feminal de la promoción de
la naturaleza espontánea y autoreguladora de la vida.
En este acto, hemos querido indagar la vida en su versión
humana maternal, así como declarar nuestra firme disposición a firmar el acta
de defunción del patriarcado antes de que él logre hacerlo con nosotros.
dfa, buenos aires, 12 de abril de 2015.-
<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/"><img alt="Licencia Creative Commons" style="border-width:0" src="https://i.creativecommons.org/l/by/4.0/88x31.png" /></a><br /><span xmlns:dct="http://purl.org/dc/terms/" property="dct:title">atribuir diosas a la revolución arqueológica es falaz</span> por <a xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" href="daniel fernandez ahumada" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL">daniel fernandez ahumada</a> se distribuye bajo una <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional</a>.
No hay comentarios:
Publicar un comentario