Llegó el momento de construir
un Nuevo Orden Mundial...
Palabras más
o menos se han escuchado y leído desde el comienzo de la aplicación del sistema
de dominación sobre la vida humana, hasta en cada manifestación en que los
poderes establecidos en diferentes épocas han visto amenazados sus subsistemas
de dominación, porque aunque el primigenio sistema de dominación patriarcal
(SDP) sigue insistiendo en alegar su eternidad, ahora sabemos gracias a la
‘Revolución Arqueológica’, que sólo es el producto de esfuerzos terrenos, tanto
así como que hoy son simplemente poderes capitalistas los que reaccionan ante
un estado de cosas desfavorable.
En otra
dimensión del mismo problema, en la más reciente actualidad confirmamos una
aguda situación que se caracteriza en que los hombres arrecian en todo el mundo
aferrándose a los poderes patriarcales conferidos, en lo que podemos denominar
‘una reacción sangrienta a la reacción’. Efectivamente, los hombres descargan
sobre las mujeres en grado creciente su violencia, la que surge de sus
frustraciones cotidianas laborales, tanto psicosociales y sociales como
reactivas ante la tendencia irreversible constituida por las mujeres en su
lucha centenaria conciente por la liberación de la femineidad y la restauración
inconciente de la vida armónica. Es decir, quien vea en esta actual riquísima situación
una simple repetición de conductas represivas se perderá el zumo de la caña que
este aroma investigativo exhala.
Se requiere sólo
un poco de atención. Los desenterramientos arqueológicos recientes muestran que
las sociedades maternales matrifocales existentes desde 11 mil años A (atrás),
y que se desarrollaron en gran parte de Europa y el ‘occidente’ asiático,
vivían en armonía no beligerante, en el ejercicio de una plena sexualidad
espontánea, con prioridad en el cuidado de las criaturas, sin dioses ni
jerarquías, ni guerras ni incendios, con excedente económico sin Estado, en
ciudades de hasta 20 mil personas edificadas en los valles.
Más allá de
todo lo que podamos pensar acerca de esta información, surge rápidamente que
hombres y mujeres convivieron durante siete mil años al menos, en armonía. Qué
significa esto: que si ya lo hicimos, está en nuestra naturaleza biológica la
opción de lograrlo nuevamente. La exigencia diría, aquí, focalizar aquí, porque
este es el motor material que impulsa todas las tendencias libertarias humanas
en todos los sentidos. Está en nuestra naturaleza la libertad, la igualdad y la
fraternidad, la armonía y la felicidad. No se trata de utopías
bienintencionadas, ya que la base de lo posible, aquí en nuestra tragedia
humana, no es ideal, sino de material concreto, y surge de la naturaleza biológica
de nuestros propios comportamientos espontáneos libres.
Todo lo que
sufrimos, todo, todo, todo lo que sufrimos es el producto de la represión
impuesta a nuestra naturaleza biológica humana, para exigirnos la adecuación al
sistema patriarcal de dominación que enluta la vida desde hace 4 mil quinientos
años. Y es desde allí, desde donde tenemos que pensar palabras de uso cotidiano
como adecuación, o adaptación, tan sólidas como peligrosas palabras
envolventes.
¿Nosotros
entendemos el mundo en que vivimos?... ¿Sí? Creemos que no es posible
entenderlo en profunda plenitud si no se incorpora a las investigaciones
científicas y no se valora adecuadamente la información que surge de la
‘Revolución Arqueológica’, en todas las áreas del conocimiento.
Hace 4 mil
quinientos años el patriarcado conciente diseñó su por entonces Nuevo Orden
Mundial, y comenzó a aplicarlo con sus sangrientos sagrados métodos. Cuando
llegaron aquí los europeos importaron su NOM y masacraron en cien años a cien
millones de personas, un gran porcentaje de las cuales vivía en armonía con sus
pares, con la naturaleza y el entorno.
El advenimiento
del actual patriarcado, el capitalista, necesitó masacrar decenas de millones
de personas para imponer en las prácticas cotidianas la adecuación de los
dominados a conceptos tales como mío-tuyo, piedra angular del desarrollo
posible a nivel continental de la propiedad privada, la que hoy nos parece a
muchos de nosotros, tan natural. Esa noción no existía en las cosmovisiones
maternales europeas y asiáticas del neolítico, y tampoco en las del continente
americano en su conjunto. Esta es la ‘verdadera’ razón de semejante masacre, la
misma que podría ayudar a comprender el ensañamiento de la insistente
devastación africana.
El NOM patriarcal
no se priva de nada. En nombre y por derecho propio sale a imponer sus verdades
como si las del resto sólo fueran falsedades o ignorancias, o retraso
evolutivo. El progreso capitalista tiene olor a sangre quemada. Tan quemada
como la sangre sabia de las 8 millones de mujeres acusadas de brujas por la
benemérita Santa Inquisición durante el desarrollo del fatídico siglo xvi. El
problema es que en el hoy actual lo sigue haciendo. Y si nos dedicamos a contemplar,
lo seguirá haciendo porque está en su naturaleza. Lo interesante es observar
que el NOM patriarcal muta para adaptarse a las presiones que lo enfrentan.
A modo
ilustrativo. El cerco y acoso a la revolución bolchevique por la alianza
defensora del capitalismo, por acción de varios ejércitos de diferentes
naciones burguesas, puede verse como un intento de ahogar el derrotero
libertario de la humanidad. El acoso a la revolución china, el
descuartizamiento de Corea, de la propia China, de Vietnam, Camboya y Laos, fue
otro intento del mismo signo. El recurrente destrozo de la propia Europa. El
acoso y ahogo a los intentos socialistas en América huele similar, y la
excepción, la revolución cubana, lo sigue experimentando, al acoso, sí. Los
acosos que frustraron las revoluciones europeas y africanas en el siglo pasado
tienen sesgo similar de similar intención: el orden mundial establecido hace 4
mil quinientos años y sus respectivas variantes étnicas y religiosas, no cederá
el liderazgo cultural ni el ejercicio del poder, por el contrario, sus
movimientos denotan una fuerte propensión creativa dispuesta a retenerlos cómo
sea. Anotemos: a- liderazgo cultural civilizatorio y b- ejercicio del poder
efectivo.
Posiblemente
surja de lo expresado, que nuestras versiones de ‘lo que hay que hacer’, requiera
mayor flexibilidad y creatividad en las enunciaciones y estimaciones de los
propósitos y su camino estratégico. Como acabamos de decir, hay dos variantes,
pero que en la práctica, entre nosotros se disputan en el terreno la supremacía
táctica: uno, es aquél que considera a la toma del poder como la herramienta
prioritaria, para luego, disponer de los cambios sociales necesarios. Otra, la
tendencia que indica la necesidad de generar un cambio cultural que alcance el
poder de abajo hacia arriba. Una quiere evitar distracciones y dispersión de
fuerzas, y la otra, que se encarame el personalismo repeticionista reproductivo
de los órdenes jerárquicos. Creemos que estas dos vías regias con sus
variantes, no son antitéticas, sino muy por el contrario. Parecen antitéticas
porque no se ha logrado comprender que subyace entre nosotros un enemigo en
común: el patriarcado, que lejos de configurar una mera cuestión de género,
afecta el conjunto de las relaciones humanas, y sus logros presentes y futuros.
Vale decir a esta altura, que surge de una mirada atenta a la información que
ofrece la ‘Revolución Arqueológica’, que el patriarcado supo combinar estas
variantes hasta establecerse sólidamente 3 mil años (A), mediante la imposición
y sangrienta vigencia de sus libros sagrados, el casamiento monogámico hebreo y
la aparición de la Ilíada.
Observando
los problemas surgidos bajo la hegemonía precapitalista y capitalista,
advertimos que el sistema de dominación patriarcal (SDP) incluye desde que tomó
y se consolidó en el poder a nivel mundial, todas las variantes conocidas de conflicto
y lucha de clases, incluídos por supuesto, los ensayos generales socialistas
del siglo xx. Es así que se nos simplifica el camino, ya que se nos presenta un
único obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas y reproductivas
humanas. Se trata de un mismo obstáculo
que seguimos comprendiendo como si se tratase de varios y diferentes. Ocurre
que nos ha confundido la variedad con que se nos presenta el resultado de
nuestra propia lucha. Claro. Las variantes que se nos imponen desde el
ejercicio del poder son tantas y de tan diferente carácter que nos han ocultado
que sólo se trata de la diferencia respecto de nuestros propios logros en la
puja por restablecer la arrebatada libertad, la devastada armonía, la
destrozada fraternidad, y la sepultada felicidad. Es así que podríamos suponer
que habría que combinar estas dos vías en un solo propósito, la lucha por la
toma del poder junto a la lucha por imponer un cambio cultural. Con qué objeto:
restaurar la armonía en las relaciones humanas productivas y reproductivas.
Nada más y nada menos, ya que debemos reconocer que se trata de la llave
maestra para la recuperación del conjunto de la naturaleza humana devastada.
Ahora bien, qué se espera de nosotros, es decir, de los hombres. Es
conveniente recordar que el SDP también reprimió la naturaleza biológica del
hombre hasta reducirla a un puñado de comportamientos violentos, cuyo valor
actual reside en la mayor o menor eficacia que logre en la reproducción del
sistema que lo diseñó. Visto así, el hombre oprimido tiene sobre sí una doble
responsabilidad: mantenerse como agente activo para la eficacia del sistema de
dominación, e ignorar la mutilación a la que fue sometido. Esta duplicidad en
el rol asignado lo convierte en un agente para el mantenimiento de un estado de
esclavitud humana, estado que tiene a las mujeres como a sus objetos dilectos y
a los hombres como a objetos de control. Si ya hicimos el balance de lo que
significa ese rol controlador en la vida de nuestras sociedades y en las
nuestras propias, podremos avanzar este análisis hacia la comprensión de este
problema sin creer que sólo se trata de una argucia justificadora del papel
criminal intensificado actualmente, con el que los hombres siguen golpeando a
las mujeres. A cambio de esta responsabilidad dual de dominante-dominado, el
hombre recibe las prebendas otorgadas por los diseñadores de su rol histórico.
A los hombres les queda reflexionar acerca de su propia y paradójica condición:
se trata de posicionarse en el ruedo para proseguir o para abandonar el camino
que les fue conferido.
Ante esta disyuntiva radical, recordemos palabras de Casilda Rodrigañez
Bustos en La rebelión de Edipo II:
“Hoy el hombre también se encuentra
en una situación contradictoria; tiene que seguir siendo un 'guerrero' en la
lucha competitiva profesional y pública, pero al mismo tiempo el modelo viril
tradicional se está resquebrajando, y por debajo de la armadura emerge el
cuerpo masculino que también desea hacerse regazo.
En
este párrafo Casilda permite entrever que los hombres también han sido
mutilados, algo que las mujeres saben y que los hombres ignoran. Los hombres
ignoran que fueron sometidos a un estado de sumisión y mutilación inconciente
porque el andamiaje patriarcal se los oculta y los premia como al chimpancé,
promoviendo las acciones más proclives a la naturaleza masculina, es decir, todos
los derechos de posesión y todos los derivados de la potencia física y la
hostilidad competitiva en la que pareciera moverse con mayor eficacia y fluidez.
Los saberes científicos por boca de Casilda ven la situación como una
esperanzada transición:
En lo que alcanzo a ver, creo que las mujeres hemos
empezado a tomar en nuestras manos la recuperación de la maternidad. Nuestros
hermanos nos ayudan. Nuevos arturos se tatúan serpientes en las muñecas y se niegan
a bajar el estandarte del dragón. Y aunque la transición sea lenta, y la Santa
Inquisición todavía queme algunas brujas, ni Hércules ni Perseo, ni San Jorge
ni San Patricio, ni la Virgen María ni el Arcángel San Miguel podrán volver a
aplastar la serpiente, al menos de una manera tan tajante y tan definitiva como
en los comienzos. La conquista de la cuota de dignidad alcanzada por el
feminismo es irreversible; y la in-dignación nos ha permitido tocar fondo en
nuestro cuerpo, despertar sus pulsiones y su libido, recuperar la fuerza del
deseo materno. El deseo materno nos impide mantener los ojos cerrados, porque
necesitamos un mundo habitable para nuestros hijos e
hijas.
¿Y lo que se espera de un hombre? ¿Cual sería la
dirección deseable?
La función del hombre con respecto a la maternidad es
la de protegerla, garantizar que a ninguna criatura le falte la madre
imprescindible que le corresponde.
Se
hace necesario pensar que esta versión de las relaciones humanas eliminan ‘el
fanatismo sexista’ en pro de la búsqueda común de soluciones globales al
problema. De estas pocas letras surge un perentorio llamado a la conciencia de
los hombres, el cual se transformará en una exigencia en la medida en que sea
burlado o desconocido. Tengamos presente que esta aguda situación mundial
intensifica la muerte de mujeres producto de la hostilidad y el rechazo de los
hombres ante el avance en las posiciones conquistadas por las mujeres contra
los mandatos de la civilización patriarcal presente. Tengamos también presente que
mientras los hombres aleguen ignorancia respecto del conjunto de su
responsabilidad en cuanto al cumplimiento de su rol activo como agentes
patriarcalizantes, la transición se extenderá hacia mayores dificultades que
las que hoy sufren las mujeres, lo cual justificará la simple y superficial apelación
sexista contra los hombres. Tengamos también presente que el ardor sexista
contra las actitudes de los hombres puede parecer acertada, aunque omite el
hecho de que dichas actitudes surgen de un sector de la naturaleza humana que
también ha sido y sigue siendo reprimido.
Algo
para terminar esta sumaria descripción.
Más
allá de las precisiones, surge necesario:
-que
los hombres renuncien a su rol de agentes patriarcalizantes.
-que
las mujeres y los hombres se comprendan recíprocamente como aliados en la lucha
por la restauración armónica a expensas del enemigo común de la vida.
-que
las mujeres y los hombres acepten la importancia estratégica de la alianza.
-que
los sufrientes se comprendan recíprocamente como víctimas del orden patriarcal
ancestral y del vigente, que hoy lleva el nombre de capitalismo.
-que
luchen de conjunto por la abolición de la sociedad patriarcal capitalista.
-que
forjen nuevas sociedades que luchen contra la herencia cultural
patriarcalizante.
-que
forjen un Nuevo Orden Mundial que luche explícitamente por la restauración de las
relaciones armónicas destruidas.
Recordemos,
para terminar, que las relaciones humanas ancestrales reservaban a los hombres
un papel constructivo que los hombres deberían valorar y recuperar al servicio
de un restaurado mundo comunal. Aquí, las mujeres recuperarán su naturaleza en
plenitud, que no es otra que el ejercicio espontáneo de la fuente de vida.
Se
hace necesario responderle al monje negro de la civilización patriarcal
capitalista actual, henry kissinger, quien en estos días propuso a EeUu y China lo siguiente:
‘Llegó
el momento de construir un Nuevo Orden Mundial’.
Desde
aquí creemos que, si en el comando de la civilización patriarcal actual se lo
exige, queda en claro que es lo que nosotros debemos lograr: la restauración
del ancestral mundo maternal que surja de la construcción de un nuevo orden
mundial ni capitalista ni patriarcal.
“Llegó
el momento de construir un Nuevo Orden Mundial” al servicio de la vida en
plenitud.
Suscribamos
juntos mujeres y hombres lo que decía Amparo Moreno: “…las mujeres…no podemos desear para nuestros
hijos más que el mejor de los mundos posibles.”
28-9-2014.-
Aporte para el encuentro nacional de mujeres que se
llevará a cabo en Salta en octubre próximo. Con saludos fraternos, dfa.-