sábado, 23 de agosto de 2014

¿Lugones, dónde queda el redil? La Vuelta del Martín Fierro.

No obstante, para mí... -quién soy yo, nadie, nadie menor distinto de los alguien-. No obstante para mí, poeta, el Martín Fierro, una obra escrita mediante plena simbología patriarcal, trabaja inconciente en el significado registro de nuestro sello de origen pastoril, seminómade, luego aldeano: la vuelta al rebaño como imperativo cuasi biológico propio de la lógica del dominado. 
La Vuelta hacia dónde. Hacia el redil, hacia la sopa en la que se licuidifica impetuosidad. En qué momento: a fines del siglo xix, momento en el que las papas comenzaban a quemarles el corral a las elites.
Si el Martín Fierro es el poema nacional, alguien ha transferido su patente de esclavos a nuestra Nación. Pero como a mí los problemas nacionales se me enconan en lo global humano, mi quejica amarga va en otro sentido algo menos estrecho, aunque tiene nombre: Leopoldo.
 Pero Lugones, chamigo, ¿tanto le desesperaba ese ‘otro’ que saltaba de los barcos en pelotas? Usted, tan otrora socialista fundador del partido, ¿no supo echar un vistazo por debajo de los chiripáes europeos hasta corroborar mismas pelotas con no tan distinto anarquizante aroma a ruido? Aquí me dicen que usted sufrió un ataque aristoprovinciano de jvg. Y, podría ser.
Usted recordará a pesar de los tiempos, que el gaucho Martín Fierro en  La Ida, es un anarco de los genuinos. Ah, le obnubilaron los destellos del desorden que percibió en  La Ida, y corrió dios nos libre hasta la esquina del aplauso por  La Vuelta. Pero Lugones, chamigo, tristeza es verlo a usted envuelto en un estrecho de aquél desvelo. 
La Vuelta de Martín Fierro fue escrita por encargo de los aprendices de burgués concientes de que algo andaba por fuera del rebaño en nuestra patria. Haga memoria amigo. Un encargo de muy similar signo aunque de una muy distinta magnitud, le habían encomendado a Homero, con el fin mitologizante que borrara las inmensas huellas de las sociedades maternales previas al patriarcado, tan incómodas, tan opuestas a lo mío-tuyo, tan proclives al ‘nosotros’, tan americanas nativas, tan naturalmente opuestas a la propiedad privada y a los personalismos. Pero Lugones, chamigo, dónde quedó su hombría de bien pensante, quién asesoró su imagen, lo suyo es fastuosamente tinellesco, haga el favor Lugones, devuélvanos la plata. Que usted no tiene, que fue un hombre sano. Y bueno, que hagan o pidan una vaquita Marechal, Rosa, y el resto de la forja dominado. No sé. 
Pero no me distraiga Lugones, le estoy hablando del Martín Fierro, lo suyo es, lo suyo, es imprescriptble, usted nos robó el agua, usted, lector de Marx y Bakunin. 
Haga el favor Lugones, devuélvanos la sed. 
dfa, 22-8-2014.-
  


jueves, 21 de agosto de 2014

MEDIEVALIZACIÓN CAPITALISTA -homo ludens patriarcalis-

EL VALOR DE LA CENSURA como método de recolonización y dogmatización.-

Una vez cerrado el ciclo maquiavélico en cuanto a la separación de la ética y la política, podemos exigir de los científicos -ya es hora- un comportamiento comprometido que rechace las situaciones que promueven los emprendimientos imperialistas, es decir, desde la GTA*, renovados modos de exterminio.
Es momento de escuchar atentamente, nos recuerda sin hacerlo el antropólogo norteamericano David H. Price: “…en el devenir histórico de las empresas coloniales primero llega la infantería, luego los ingenieros en minas y los agrónomos, algo después los misioneros y finalmente, los antropólogos. Las tradiciones antropológicas británicas, francesas, holandesas y alemanas estuvieron ligadas con las aventuras coloniales en África, Asia, Indonesia y otros lugares, mientras los estudios etnológicos en Estados Unidos entre los pueblos originarios americanos no pueden ser separados de una vergonzosa historia de conquista y genocidio”.
Price, un científico que no tiembla en sus afirmaciones, también afirma que las guerras actuales las llevan adelante los antropólogos. Nosotros diremos que si bien los soldados de vanguardia son ellos, el método imperializante aplica en prioridad, tal vez con una intensidad incomparable, la censura de información científica de gran interés social general, como arma decisiva de sometimiento y mantenimiento del orden establecido. Esto es así, porque lo que revela la Revolución Arqueológica (RA),  afecta directamente las raíces de la actual civilización, desoculta el artificio patriarcal, devela la magnitud de la represión, exhibe la manipulación y la infantilización de las personas por parte incluso de las ‘mejores personas’, descubre las falacias científicas, enfoca en las principales columnas del edificio inventado por el aparato propagandístico desde Homero hasta Riane Eisler, contiene una capacidad disolvente que preocupa al comando civilizatorio patriarcal. Ya veremos por qué.
Una vez asumido el compromiso aludido miremos un poco más de cerca. La importancia de la RA estriba en sus alcances y consecuencias de aplicación, en algunos casos, ineludible. Esta novedosa situación surge porque se han descubierto desde 1961, en el marco de lo que se conoce como ‘Vieja Europa’ (Old Europe), en centenares de sitios arqueológicos, en gran parte de Europa y el Occidente de Asia,  sociedades anteriores en 7 mil años a las aceptadas como más antiguas. 
Estos descubrimientos científicos se los debemos al trabajo esforzado de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, al inglés James Mallaart, y muchos otros que arriesgaron su vida y sus profesiones para legarnos semejante verdad histórica. Estas sociedades tienen una antigüedad de 10 mil quinientos años y se extendieron por gran parte de Europa y el este de Asia. Sus características salientes indican que fueron sociedades no religiosas, maternales, armónicas, agricultoras, no beligerantes ni jerárquicas, fraternas, comerciantes, con excedente sin Estado, cuyas ciudades por centenares ubicadas en los valles, alcanzaron hasta 20 mil habitantes cada una, en todo el territorio de su influencia. 
Detengámonos un momento. Originalmente, fueron sociedades maternales (no matriarcales, ni matrilineales), sino matrifocales, es decir, basadas en la armonía de los sexos, no en la autoridad de las mujeres, como se pretende, armonía que se lograba en base al despliegue pleno de la sexualidad femenina, la que sigue proporcionando naturalmente ayuda mutua y cooperación, a pesar de la represión impuesta conocida como matricidio o ginecocidio y la prohibición al conjunto humano del ejercicio de la plena sexualidad.
Estas sociedades euroasiáticas, de notorias similitudes con las que cubrían toda la geografía americana, también devastadas, tenían como prioridad a las criaturas, cuyo amparo y el de los desvalidos corría por cuenta del conjunto. Fueron sociedades de agricultores cuyo excedente se repartía y comercializaba por medio de una red extensa que abarcaba casi todo el territorio europeo y el occidente asiático, sin huellas de conflictos ni guerras durante 7 mil años. 
Fueron sociedades que priorizaban el placer como vía de acceso a la felicidad y a la fraternidad mediante la cooperación, lo cual concretaba el principio libertario sacándolo de una mera enunciación abstracta. Estas sociedades entendieron al trabajo como juego, eran joviales y celebraban la vida. Se las conoce también como sociedades de la ‘Celebración de la vida’. 
El resultado científico muestra que no fueron sociedades guerreras ni jerárquicas, sino armónicas, fraternas y a-religiosas. Los cementerios no muestran signos de jerarquía alguna, ni lujos, ni ostentación, ni templos ni culto a dioses. En ellas se practicaba un culto muy extendido en el tiempo a la Tierra en tanto posibilitadora de vida, y a la fuente de vida humana, al útero y la matriz y el cuerpo de la mujer, lo que les confirió el carácter de ‘maternales’. Esta particularidad puede apreciarse en el millar de pequeñas obras de arte desenterradas talladas en marfil y en piedra de hasta 40 mil años de antigüedad. 
En suma, estas sociedades fueron anteriores al patriarcado, el que las arrasó desde hace 4500 años para imponer gradualmente la civilización que hoy nos rige, ya que el ataque de las hordas de pastores arios y semitas fue modificando poco a poco las características primigenias, convirtiéndolas en matriarcales y guerreras y luego derivando el comando político-militar hacia la mayor fuerza física del hombre, hasta asimilarlas al modo de vida patriarcal.
Se hace necesario decir que la bióloga española Casilda Rodrigañez Bustos, sintetiza las virtudes de estas sociedades sobre todo en su libro de 2001, ‘El asalto al Hades’.
Ya desde aquí podemos vislumbrar por qué este singular y extraordinario descubrimiento está sistemáticamente boicoteado, desfinanciado, censurado, oculto y distorsionado por las fuerzas culturales patriarcales. En Argentina la censura es efectiva y se traduce en la ausencia de los principales autores de la ‘Vieja Europa’ de los catálogos de las principales bibliotecas. Tampoco figuran en los catálogos de las librerías del circuito comercial autores como los nombrados, incluyendo a Josu Naberan, la antropóloga argentina Martha Moia, Francisca Martín Cano, Anne Baring, Jules Cashford y muchos otros. 
Mientras pensamos en lo dicho, diremos que hoy, 40millones de especies en extinción del Amazonas son robadas con destino secreto. Es decir, el patriarcado tiene una gran versatilidad para sobrevivir -tanto como ninguna otra civilización conocida-, y es por eso que ya se prepara para reproducirse al ‘infinito’, ya sea en África, la Antártida, la luna, el sur de Argentina y Chile en donde intereses multinacionales han comprado millones de Ha, o donde pueda, tanto en caso de cataclismo climático como de autodestrucción.
Es sumamente importante detenernos un instante para valorar someramente qué aspectos del conocimiento científico afecta la RA. La RA aporta información que afecta a las más importantes áreas del saber actual, allí las afirmaciones establecidas como estables, son prácticamente ridiculizables, como por ejemplo, que la naturaleza humana tiene un ‘tanatos congénito’, un instinto de muerte que nos haría proclives al conflicto, la destrucción y la guerra.
El rugido de la verdad científica será muy difícil de acallar, aunque en otras áreas es más obvio que en lo psi y lo bio. En Historia, para proseguir, habría que datar nuevamente Historia Antigua, ya que lo social existente previo a los Sumerios con atisbos de escritura, es anterior en cuatro mil quinientos años. Lo griego desaparece como supuesta primera construcción de civilidad organizada. En Economía y Ciencias Políticas se reevaluará que hayan existido sociedades con excedente económico sin jerarquías ni surgimiento de Estados. En Sociología el golpe es evidente. También deberá valorarse adecuadamente en cuanto al concepto de comercio, ya que no existía tal como lo conocemos histórica y universalmente, sino como magníficas redes de intercambio basadas en las necesidades humanas tales como el amparo a los débiles, al conjunto.
Un párrafo especial requiere la ausencia corroborada de un ego basado en la noción de mío-tuyo. Esta ausencia en la evidencia arqueológica muestra que la construcción del ego, derivado de la imposición del yo respecto del nosotros, es una necesidad de la jerarquía, necesidad establecida para incorporar a la vida como si fuese natural la propiedad privada de los objetos. Digámoslo sin temores, lo que surge es que la propiedad privada no tiene nada que ver con la naturaleza humana, es un invento fatal del patriarcado impuesto mediante una gran magnitud devastadora.
Ahora un poco de algo con cierta importancia pedagógica: cuando reneguemos de la vida, tengamos en cuenta que esta es la vida que diseñó el patriarcado conciente, y de ninguna manera se trata de un derivado de la naturaleza humana en su conjunto, ni de la vida como su inmanencia. Así es. De la evidencia arqueológica surge una importante diferencia en cuanto al comportamiento natural de los sexos. Las sociedades matrifocales amparaban al conjunto sin jerarquías ni sometimientos de ningún orden. Pero, en las sociedades patriarcales, es decir, pater, arké o arjé, principio, basadas en el principio paterno y la autoridad que de él surge, desaparece el interés o la eficacia en el amparo, se exacerba la jerarquización, la competencia y la ‘excelencia’ hasta el absurdo, se somete sistemática y concientemente, se nutre el aislamiento en detrimento de cualquier lazo afectivo comunal.
De aquí surge una tarea extra para los biólogos  –negarse será difícil-, surge que la naturaleza humana no es única sino dual: a- la naturaleza del hombre, b- la naturaleza de la mujer. Desde la filosofía no nos atrevemos a negarlo, sino que esta opción apoyada en la biología, nos resulta sumamente esclarecedor.
Por último, un aspecto que no podemos olvidar. De la evidencia arqueológica aparece una ausencia notoria de jerarquías en todos los órdenes de la vida de las sociedades maternales, ya sea en vestimenta, ausencia de objetos suntuarios o de aquello que pudiese mostrar una diferencia de niveles entre las personas. Aceptar esta evidencia podría molestarnos, nos resulta muy difícil admitirla porque ya somos el producto consumado, adobado durante cuatro milenios, el producto jerárquico y brutal del diseño civilizatorio patriarcal basado en la naturaleza masculina, es decir, en una parte de la especie humana, los hombres. Sin obviar que las mujeres también son parte ya de esta construcción, tanto psíquicamente como en otras áreas. No olvidemos que para el psicoanálisis ‘estar bien psíquicamente’ es estar ‘bien adaptado’. Adaptados a qué: al diseño patriarcal de la vida. Por qué. Por razones de eficacia en la dominación.
Baste para valorar adecuadamente este fundamental propósito patriarcal decir qué: que de acuerdo con la evidencia científica desenterrada, nuestra psique es un resultado cultural y de ninguna manera nos hallamos ante las manifestaciones psíquicas que tendrá la especie humana en libertad. Podríamos extender el argumento hasta decir sin gran margen de error, que este humano de hoy, triunfante desde hace 3 mil 800 años, debería llamarse Homo Ludens Patriarchalis. Es casi obvio para la información científica de que disponemos, que la civilización actual y el comportamiento individual y social que ha establecido, es entonces un algo completamente contingente, es decir, nada natural, ni inmanente ni eterna como se pretende, sino sólo el resultado del particular modo de jugar que lleva el macho humano en su naturaleza. Obviamente también, enciende una luz de alerta respecto de la eficacia de los futuros sistemas de reproducción de la vida que el patriarcado pretenda comandar.  A su vez, permite señalar un nivel diferente para el enfoque del estudio de los sistemas socialistas emergidos en el siglo pasado. Esto y mucho más surge de un somero análisis de la obra de la Vieja Europa, a partir de la denominada RA.
Es en suma el sentido y el propósito de esta publicación, poner al servicio de quienes se comprometan en el legítimo interés por estas humanas cuestiones, nuestra mejor disposición al debate abierto en el presente escrito, así como a las aclaraciones y rectificaciones que fuesen necesarias.


 Desde la clara mirada de los valientes que se niegan a matar niños palestinos tal vez en recuerdo de Acosta Ñu, surge una renovada forma de hacer política: la que exige de nuestro compromiso la lucha contra el engaño, el ocultamiento, la distorsión y la amenaza, el desfinanciamiento, el truncar carreras científicas, la invisibilización de información científica no adecuada a los fines de la civilización patriarcal, todas ellas conductas metodológicas imperiales que insisten en volver a enterrar la evidencia científica incómoda que surge de la ‘Revolución Arqueológica’, lo que indica sin equívocos que el patriarcado capitalista en la actualidad, se ha ‘medievalizado’, muestra claros rasgos oscurantistas, anticientíficos y criminales, como lo fue desde su cuna hace 3800 años, y con una intensidad que recuerda sus orígenes.

*Guerra de la Triple Alianza 

viernes, 15 de agosto de 2014

Nuestra psique actual es el producto de un fundamento no biológico... (la especie humana tiene dos naturalezas)...


El rebaño es del señor. Cuida tu rebaño (grey) como a ti mismo. Experimenta tu rebaño.
Cordero de dios que cura los pecados del mundo, danos la paz.
Trataré de mostrarles en este artículo algo del entramado psico-sociológico de nuestra raíz patriarcal. 
Comenzaré diciendo además, que este ruego al cordero es un absoluto absurdo, no en sentido religioso sino en cuanto a las apelaciones que se hacen a la víctima del pastor campesino: víctima y protegida simultáneamente, víctima tanto de su maltrato como de sus apetencias, lo que muestra la ignorancia, o la mala fe, o la inconciencia acerca del valor simbológico contradictorio de esa figura. Es como pedirle que nos dé la paz a la víctima por excelencia de nuestro modo de ser pastoril devenido ‘ciudadano’: la mujer. Víctima tanto como el cordero de nuestro maltrato tanto como de nuestras apetencias. Con lo cual el ruego necesita una reformulación inaceptable:
Mujer de dios que cura los pecados del mundo, danos la paz.
La exaltación del cordero exalta a las culturas pastoriles y es un sello de origen, un símbolo de guerra contra las sociedades maternales agricultoras del neolítico, devenido tras el triunfo de la devastación en símbolo de pax. Esta cerrada simbología guerrera semítica en parentesco con lo ario romano señala soterradamente un enemigo ancestral existente y presente al que hay que exigirle permanentemente la paz. Es mejor que entendamos a ese ruego como a una exigencia, porque eso es lo que es.  La eficacia simbológica del cordero se debe a su carácter aglutinante de una cultura triunfadora enmascarada en las apariencias dóciles e inofensivas del animalito. Ya hemos visto en algunas etnias poner cara de cordero con notoria copia de lo natural aunque el fenómeno se muestra como emergente de una contienda ganada contra la matrística. Se podría decir que pareciera exagerado argumentar matricidio aunque resulta sencillo averiguar que si se quita del juego de oposiciones al pecado encarnado por lo femenino y su naturaleza espúrea, el frente del ataque civilizatorio patriarcal se queda pulsando el absurdo, salvo sólo cuando hoy nos sigue mostrando su inherente ferocidad desplegada en un conflicto global interno a sus propias deudas no resueltas. La política de arrasamiento propia del modo de ser patriarcal es conocida,  pero la devastación y aniquilación de la mujer tiene casos emblemáticos, casos que van más allá de la tradicional imposición de la ley, que se ocupa de costumbres, vestimenta, modos de acción, elecciones, sin olvidar mayores extremos, como el de las mujeres chutkique, que hasta no hace muchos años tenían prohibido pronunciar algunos fonemas reservados sólo a los hombres.
La valoración de la mujer como de un algo inferior al hombre es propia en una cierta inmanencia de los pueblos pastores, quiénes reservaban las jerarquías a los varones basándose en la fuerza y las destrezas laborales sobre todo físicas. Las tareas actuales de los peones rurales reproducen el diseño de un patriarca, sus valores, costumbres, inclinaciones, afectos, emociones, pensamientos, sexualidad. Sus vivencias y modelos tomados del mundo animal restituyen permanentemente el modo de ser ancestral de los pastores. El ganado a su cuidado es lo más valioso e importante para él, ya que de su eficacia depende su nombre en el grupo, su prestigio personal, todo lo que hará de él alguien de valor ante sí mismo. No está en juego en primera instancia que su eficacia tenga que ver con el cuidado del grupo, clan o tribu, sino su personal predominio ante la tarea encomendada. La mujer preferida ocupa el mismo lugar que su rebaño preferido, y la madre de sus hijos lo vale simplemente en cuanto al significado del resultado. El hijo preferido es el primogénito hasta en la actualidad, si sólo son mujeres la mujer no es buena, lo que ha dado millones de casos de suicidio entre las mujeres madres sólo de mujeres. El desarrollo de las jerarquías tribales se monta en estas metodologías laborales que exige la economía basada en el ganado de una población nómade o seminómade. Sus cosmologías, sus mitos de origen y de creación del mundo, de los ríos y las montañas, de creación del hombre y la mujer, dependen directamente de la tarea cotidiana reproductora de la vida. Podría decirse que esto ocurre en cualquier otro modo de reproducción campesino o urbano, pre y capitalista, pero no es así.  Si lo campesino ancestral neolítico estuviese basado en el predominio de la fuerza sí, pero si estuviese basado en el pleno desarrollo de las virtudes naturales femeninas, no.
Los principios en los que se basa una cultura ancestral pastoril son la fuerza física, la división del trabajo estricta, lo que en último término da como resultado el predominio efectivo de un sexo sobre otro porque mientras que las mujeres estén reproduciendo con normalidad, para la sobrevivencia se valora en prioridad la eficacia en las tareas masculinas, relegando el producto de la sexualidad, la criatura, a un orden secundario y a la mujer a ese mismo orden. Esto es posible ya que la mujer puede engendrar en condiciones muy adversas incluso en gran parte contra su voluntad, salvo cuando se trata de pactos suicidas o de actos filicidas no esporádicos. Pero como esto último no presenta valores críticos en general, las criaturas nacerán a pesar de las críticas condiciones sociales físicas y emocionales de las mujeres. Esto último se debe a que en última y trágica instancia la criatura es la única propiedad efectiva de la mujer, algo que el hombre biológicamente no puede igualar por su naturaleza. Que el niño o la niña sean efectivamente propiedad biológica de sus madres respectivas hace desgajar otra variante importante, que el varón pastoril se sienta ante una desventaja natural, lo que obviamente le produce desde el comienzo de los agrupamientos envidia de útero, tanto es así que se esmera en suplir tal desventaja minimizándola, oscureciendo y distorsionándola y con toda la normativa jerárquica que desplaza a la mujer a un segundo plano entendida como mujer de, madre de, hija de, pero nunca como sí misma, como mujer, salvo en porcentuales bajísimos que no modifican el esquema básico de dominación patriarcal pastoril. La función de la mujer es obvia, la mujer vino al mundo para eso, todo lo demás está demás, sin el hombre no podría ser madre, depende de nosotros.
El pastor arranca su tarea desde antes del comienzo del día, el ordeñe se hace de madrugada, las tareas preparatorias también, así que cuando amanece los pastores salen con sus rebaños hacia los lugares de pastoreo elegidos desde los rediles. Caso conocido es el del pastoreo alejado del asentamiento que obliga al pastor a pernoctar varios días con su rebaño solamente acompañado por perros ayudantes encargados de evitar que se disperse el ganado y de alertar con sus ladridos ante la presencia de depredadores (lobos, etc.).
Estas prácticas lo alejan durante todo el día o durante varios días del contacto social, y estamos hablando de la mayor parte de los hombres, sobre quienes recae la dura tarea pastoril. Estas tareas no permiten excedentes por fuera del tamaño del rebaño ni siquiera en el conocido caso siberiano de los ‘ricos en renos’. De allí que se haya entendido que el excedente es producido por economías agrícolas y que de allí habrían surgido las jerarquías y de allí los estados, las superestructuras sociales.
En primer lugar, el surgimiento de los Estados entendidos como superestructuras económico-político-militar-religiosas, no dependen de la capacidad de una sociedad para generar excedente ya que los pueblos pastores de hace 5mil años no lo generaban y sin embargo poseían dicha ‘superestructura móvil’ encargada de la defensa y la conquista de nuevos territorios aptos. Se puede hablar de la aparición del ‘estado móvil’ en pueblos pastores arios que no producían excedente en sus economías. Los semitas estaban retrasados en estos desarrollos, lo cual podría expresar el por qué sólo llegaron a ocupar Europa en exclusividad las tribus arias.
En cuanto al reverso de la cinta es sabido que las sociedades matrifocales del neolítico con un alto desarrollo económico basado en la agricultura generaban excedente y de ninguna manera generaban gracias a esa excedencia Estado, ni formal, ni móvil, ni conflictos internos ni guerras durante más de siete mil años. Algo que surge de inmediato a quien observe, es el carácter no automático de la generación de un Estado basada en la simple constatación de excedente por parte de una sociedad. El patriarcado hace víctimas de entre sus propios firmes detractores, la ausencia de información conduce a situaciones teóricas no deseadas con lo cual se hace necesario precisión y obstinamiento para imponer la democratización de la información, el castigo penal a la censura impuesta o negligente, para evitar el ostracismo, el oscurantismo, la adulteración, la distorsión interpretativa, la cooptación sectaria de profesionales basada en favoritismos que incluyen parentescos no sólo ideológicos sino como novedad sólo a gran escala -étnicos-, ya que en escalas menores nacionales regionales se trata de una práctica milenaria, pero muy novedosa a escala mundial. Y como trasfondo, como pared de la caverna, recién allí con la aparición de la información que proporcionan las investigaciones de lo conocido como ‘la Vieja Europa’, en el marco de la Revolución Arqueológica, aparece la diferencia seria y mortal: la del diferente carácter productor de la sexualidad humana, de mujeres y de hombres, en los dos grandes modos de producción neolíticos.
De la sexualidad del varón y de su tarea ancestral pastoril surge un diseño de lo social, un modo de comprender la vida, de comprenderse a sí mismo, de asimilar el conjunto a esa particularidad de género.
Es importante señalar que el carácter aislado de la tarea pastoril ha dado como resultado el desarrollo de un tipo de ego entendido primigeniamente en términos de estrategias de dominación. ¿Cómo es la vida cotidiana de un pastor? Si se observa con cierto detenimiento es el ejercicio de su vida material el que delinea un tipo de comportamiento en estos hombres, a lo cual debe añadirse sin olvido que este tipo de comportamiento coincide punto por punto con los derivados de su sexualidad biológica, de su contextura física (30 % mayor de masa muscular que en la mujer), y que de esta combinación surge la cultura y civilización patriarcal hasta el presente.
Estas construcciones culturales patriarcales se extienden al resto del mundo no porque sea eficaz para la defensa de la vida del conjunto, sino porque enfrenta con cierto éxito la fuerza de los acontecimientos, en general climáticos, que urgen la búsqueda de horizontes aptos para su función (pastoril). Lo propio pastoril no es previsor, no planifica (¡),  vive y se desarrolla adaptándose permanentemente a las condiciones que le impone la naturaleza, lo cual se filtra íntimamente y se instala como un modo propio de la naturaleza de los seres vivos. Pero no es así, nada tiene de natural una respuesta meramente adaptativa a una carencia integral en el caso humano, ya que si así fuese no habría ninguna diferencia con otros mamíferos u otras especies animales.
Por último por ahora. ¿Cómo se manifiesta el carácter y las conductas del campesinado pastoril masculino?  Ya fue señalado de dónde surge lo actual -entendido como natural- y se filtra en la caracterización de lo humano como si se tratase de un solo bloque.
Del comportamiento del campesino pastoril puede observarse conductas intolerantes, fastidiosas, instantáneamente reactivas, ‘cortantes’, de baja tolerancia a las alusiones de otros contra sí, proclive a ‘tomar el pelo’ como diversión, violento, jerárquico, de conflicto fácil, de soluciones mediante ‘golpes’ y maltrato en general, que toma ya mismo lo que le interesa, que se somete de inmediato en términos casi caninos a la orden de un considerado superior, que es excluyente, hipercelante posesivo, dominante, que detesta la debilidad, a los débiles, a lo inferior.
Es aquí donde habría que indagar para hallar la base fundacional de nuestra psiquis actual y de nuestro comportamiento civilizatorio. Hasta hoy, en términos tanto individuales cuanto culturales civilizatorios, sólo somos el producto del producto biológico más defectuoso de la especie.

dfa,buenos aires, 10 de enero de 2014.-

lunes, 11 de agosto de 2014

Corporación Futb-all (leído en las Jornadas de Enseñanza de la Filosofía-uba-2009)

Corporación Fútbol

Propongo un ejercicio “desacralizante” que podríamos aplicar en todas las áreas del pensamiento. Si filosofar es desbrozar el camino de los problemas que plantea el vivir, hoy perentoriamente, con la siempre inestimable ayuda de Goethe y Schiller deberíamos contactar con la vida juvenil ya que no es propio del filosofar aportar al desapego y a la desorientación.
Hoy todos vivimos en la “corporación fútb-all”.  
El deporte en la modernidad tardía  -¿el pos-deporte?-, tiene otra estrella del norte. Ya no tenemos los deportistas y los amantes del deporte la obligación de priorizar conceptos tales como camiseta, honor, adversario, cuartelera, travesaño, y de cuidarnos del periodismo. Desde hace algunos pocos años tales conceptos han mutado, y ha aparecido el tiempo de las hermandades corporativas, que en el caso del fútbol, tiene incluso regla, signo y ritual.
Hacer filosofía del deporte, es intentar lograr el difícil esfuerzo por atenerse a observar los resultados de la acción. Estarían vedadas las valoraciones culturales o los señalamientos arriesgados propios de los analistas de la cultura. Cómo hacerla satisfactoriamente con una antropología sin hombre. ¿Cómo sería practicar deporte sin jugadores, sin individuos que lo hicieren?  Hacer filosofía del deporte implica manchar las palabras, atreverse a cuestionar, a correr el riesgo de ser impiadosos, porque al menos en La Argentina vale más que las personas, es decir, ruede como ruede, la pelota vale más y está alterada. Y cómo afecta ésta alterada nuestra tarea, o bien, cómo podríamos ponerla al servicio de una búsqueda que los jóvenes no logran definir.
Ya no basta con decir deporte es juego reglado, sino que se nos impone pensar qué decimos cuando decimos juego, y qué implicamos cuando decimos regla.
Para comenzar, debo decir que el juego nos ha sido quitado, que el placer de jugar se nos ha ido desplazado por el ambiguo horizonte impuesto por la polaridad triunfo-derrota. Si gano placer, si pierdo, incluso si pierdo ante mí haciendo bolitas de paramecio: displacer, decepción, y aún tristeza, autoflagelación, agresividad creciente, desconocimiento del error, del error propio, ocultamiento falaz de la importancia del hecho acontecido, hipocresía, perfidia, desorientación, desvinculación, sui-cida.
Fue deglutido aquél sentimiento de placer experimentado por el sólo hecho de jugar. Hace algunas décadas la mercancía alcanzó el arco, los papelitos, la banderita, la vida de los deportistas, la de algunos  “hinchas” o “torcedores”, pero en estos últimos tiempos, invadió las características del festejo de los espectadores, de los actores. Lo hiperestésico alcanzó transformando el relato en apariencia altamente emotivo de los semi-dioses, los relatores, el ‘aire’ de exactitud aristocratizante de los comentaristas, lo gestual, la dicción, el culto a la memoria, la apariencia científica inapelable del dato, la motricidad específica del caminar, del bostezar público artificioso, la sexualidad, el glamour,  el porte augusto de la banalidad.
Es tan amplio el arco que nos implica, que no tenemos otra vía que la del recorte, en la certeza de que dejamos de lado aspectos relevantes, interacciones obvias, y por sobre todo, el placer de conversarlos.
Hace alrededor de veinticinco años, el por entonces “negro Pelé”, propuso una serie de reformas al reglamento del fútbol. El rechazo fue tan automático y excluyente que ya casi nadie recuerda el caso. Además, el rechazo fue algo notorio y en parte sorpresivo, ya que se trataba de alguien que conocía el ADN del juego, pero aún desconocía el genoma de la trenza.
El paquete presentado por Pelé, contenía medidas reglamentarias que dinamizarían el juego, disminuirían el porcentaje de retención pasiva de pelota, de violencia en la acción de juego, y aumentaría lo referido a las opciones de ataque, las opciones penalizables a gol, la objetividad en cuanto a la penalización de las faltas, tendientes a evitar la teatralización con miras a sacar provecho de un engaño.
El impulso de Pelé, podría ser considerado como caso-testigo de una posición hoy casi ingenua que promovía una evolución del juego en el que se priorizase su propia belleza y eticidad, apelando a la transformación de las reglas a las que entendía obsoletas para tales propósitos.
Allí se hizo ostensible y manifiesto el carácter conservador de los congresos internacionales de fútbol, y también alguna implicancia de la implementación de modificaciones reglamentarias en el juego, por caso, priorizar el resultado a expensas de la belleza propia del juego, priorizar el medio para lograr el resultado a expensas de la eticidad deportiva,  así como el inmenso y esotérico poder reservado a los estrategas de campo afuera.
El de Javier Castrilli, si no fuese por el apellido, podría ser aceptado como otro caso-testigo, el que aunque con menor ingenuidad y aún formando parte del ritual, filtró mostrar en toda su obscenidad los resultados de la aplicación aparentemente irrestricta de la regla.
Recordemos al periodismo escandalizado con el árbitro que aplicaba el reglamento a secas, sin el jueguito interpretativo que se le exige a la función arbitral del fútbol. Es recordable por venerable la denuncia de Castrilli al presidente de la AFA y vicepresidente de la FIFA desde1978, respecto de la explícita recomendación de brindar trato preferencial a algunas camisetas. Y en fin, ‘meritocráticamente’, Castrilli pasó de penalty a scrum, y de scrum a montonera.
Algo tardío, es cierto, llegó el rumor referido a que los presidentes de los clubes se reunían para decidir alternar razonablemente en la obtención de campeonatos. Perdón, fue una confusión pasajera.
El futbolista es hoy entre otras cosas, modelo social prácticamente excluyente para los adolescentes. En lo social están planteadas también cuestiones estéticas, aunque todos somos concientes que nos acucian las de carácter ético.  Dejemos las posibles razones del comportamiento “antisocial”  de los jóvenes, a los estudiosos del porvenir o al porvenir incierto de los estudiosos, y pasemos a disimular y tratar de ordenar este conglomerado de señalamientos y el que diré a continuación:
Propongo un jueguito interpretativo símil adivinanza. A cada item añadir la pregunta “qué significa” en voz baja:
-marco-foco. 
-regla de off-side, medida electrónicamente, y al mismo tiempo cuestionamiento de la incorporación del uso de la radio para los árbitros. 
-periodistas vs el uso de celulares entre los entrenadores. 
-mundiales alternados o nueve a nueve.           
-contrataciones de extranjeros un año antes de los mundiales. 
-el mundial de clubes no se arregla. 
-periodistas contra la entonación de los himnos. 
-cuántos partidos por campeonato termina un ´grande’ contra ‘un hombre menos’. 
-cuántos partidos consecutivos perdió boca 2-1, después de ir ganando 1-0. 
-cuántos penales en los últimos minutos de juego sancionados a favor de los grandes definieron campeonatos.   
-tráfico de personas. 
-movilidad social botinera.
-código barra-código mafioso.             
-tercerizar.  
-socio.   
-lavado.  
-mercado de pases.    
-Bielsa: Veron es inglés.
Muy bien. Pausa en la ejercitación. Pueden añadirse otros equívocos.
Cito: “Actualmente ya no voy al estadio…”, dijo a fines de febrero de 2007, un ex-futbolista de la Roma, porque (vs la Lazio) “…es una zona de guerra”. Otra persona dijo: “Los hinchas de la Lazio son campesinos, paganos, cavernícolas, nosotros somos de aquí, de paredes adentro”. El 3 de febrero del presente 2008, un comentarista de ESPN dijo en Barcelona: “Ya no se puede jugar un amistoso.”
En el caso de que nos sea permitido referirnos al hombre y al futuro: ¿Quién forja al hombre futuro? ¿Cómo se forja el hombre fáustico? ¿Puede hallarse en o restituirse desde la confusión, la aplicación de un código? ¿Tienen efectivamente un código explícito conciente los profesores de Educación Física al respecto? ¿Cuál, favorable al dominante, neutro u opuesto?
Nombro por nombrar.
Qué significa:
-Equipos deportivos ‘esponsoreados’ por bebidas alcohólicas. 
-Promoción de bebidas sin alcohol a “cero límite”. 
-Periodistas incluso de cadenas internacionales que promueven el juego de apuestas (ESPN-FOX). 
-El deporte es la guerra.
Fin del ejercicio.
Atendamos al juego, significa no olvidar que el deporte podría ser entendido como la adecuación del juego a tiempos de aparente paz. Atender al juego de nuestra tarea significaría no olvidar que el entrenamiento militar ‘de élite’, ha sido llevado a los video-juegos, y que los niños y jóvenes podrían encontrar en el ‘cyber’ los modelos actitudinales de sus elecciones, alguno de cuyos devastadores resultados ya se pueden observar en las escuelas, resultados que los ‘diseñadores’ tienen por misión relativizar y suavizar, mientras derivan la responsabilidad convenientemente, en profesores y maestros.
Digo: ¿Puede aceptarse la opinión del periodismo como criterio de verdad? Dopaje entendido como excepción aunque promovido directa e indirectamente para romper límites. Muerte de deportistas en el campo de juego. Arreglo de partidos, sobornos probados y supuestos, mercado de personas denominado “compra-venta de jugadores”. ¿Lavado de capitales? Absurdo, etc. Y en la práctica propiamente dicha lo que se observa es un te quiebro, te mato, te corto, y acto seguido, con cara angelical, pregunto: estás bien. Ya se acerca el ¿are you ok?, en esta tendencia pronto llegará.
Se niega lo imposible, se entrena el engaño, se materializa el ‘no existís’. A quién importa que dicho mundillo dicho al paso alcance niveles de comportamiento social general. Y para el cenit, sean promovidos con la palabra “héroes”.
Héroes de qué heroicidad.
Aclaremos.
Hubo una adecuación de la regla en el fútbol, pero no fue promovida como en los casos del volei o del básquetbol, por razones específicas favorecedoras del juego, sino para adecuarlo a un marco social de creciente violencia y ambigüedad.
Si bien en el fútbol no es posible aplicar abiertamente la receta de un relativismo político extremo (peronismo menemista o elitismo rural), sí se nos hace visible el paródico manejo de un “es” efímero, el que podría trocar rápidamente en un “si no le doy el manejo de las entradas a los barras, quién les paga hasta que se los necesite en los congresos, de la fifa”. Claro, es tan complejo y peligroso como tener a un ejército griego tirado en las playas durante meses a la espera de la próxima batalla. El “argumento pragmático” instalado va forjando el ‘modo de ser’ de los jóvenes y nos va familiarizando a los habitantes con la posible aceptación general de los argumentos del relativismo extremo.
Hoy la pertenencia más que nunca en este marco mercantilizable, se ha vuelto mercancía, la mercancía a su vez viró corporación que como es de esperar, arregla sus diferencias importantes puertas adentro, y la corporación, por fin, viró ambiente cultural socialmente aceptado, tan alegremente promovido como tolerado.
Hoy definitivamente -al menos en el crudo marco de nuestra devaluada civilización ‘plusválida’-, se necesitan acuciantemente símbolos para vivir y morir, y el fútbol, siempre listo, ha sido rediseñado para contener la efervescente dinámica de estas multitudes peligrosamente alejadas de la noción de perspectiva, a medida que crecen las oportunidades para expresar el sinsentido en sus vidas ante una civilización que sólo promueve la libertad en lo económico, haciéndoles notar deliberadamente en sordina que no las necesita en plenitud.  
Lo natural propio del juego fue nuevamente delineado por las necesidades de los operadores de la imposición cultural dominante.
Hoy estamos ante la primacía de la regla por sobre el juego, y ante una ampliación del contenido y función de la regla, gracias a las transformaciones que promovieron cambios en la práctica específica del juego. Es decir, buena parte de la corporalidad vigente en lo social general se rige por el ambiente cultural propio de lo deportivizado. La ambigüedad da el marco propicio para la polémica y el análisis falaz. Si promuevo lo opinable –parecieran susurrar los ‘diseñadores civilizatorios’ corporativizados que manejan la regla-, mantenemos dual, ambigua, confusa, inasible, la procedencia de los valores y necesidades propios que necesitamos aplicar en lo social general vigente.
De un modo en apariencia natural, inofensivo, casual, adolescente, el fútbol ha sido posicionado como el juego reglado en el que todo es posible, incluso cumplir con la letra de la regla, a la que ni siquiera se han tomado el trabajo de negarle un espíritu. Esta sería tal vez, la única espiritualidad que pretenden destinarnos los diseñadores del ritual, aunque han olvidado que el ejercicio pleno de la espiritualidad exige conciencia.
El sesgo estratégico que hemos intentado mostrar, vive en nuestras prácticas cotidianas, viaja en los bondis, en el subte y en los trenes, sufre con las barriadas que ya ni esquina tienen, adolece en los jóvenes, tanto en la mitad que deserta del sistema educativo como en la que se mantiene tal vez por no desertar de la vida, es decir, este sesgo ya es casi un nosotros, somos cada uno como él, los jóvenes adolescentes y los que ya no lo seremos, los estudiantes y los que están, los que están porque sí y los que saben por qué están, y así, en este sesgo, de este modo áspero, indolente, brutal, cruel, confuso y lábil, estaríamos asistiendo a quienes han logrado reorientar “all fútbol” corporativizándolo, para adecuarlo a la particularísima dinámica actual de las necesidades expresivas de las masas, hoy multitudes tal vez de otro signo, de las que formamos parte.
Mientras se envía deliberadamente al ostracismo el heroísmo cotidiano de los jóvenes que creen en la vida, se promueve el heroísmo y la divinización supuestos de un algo colectivo amorfo con pretensiones de totalidad, capacitado para disolver las relaciones sociales incluyentes.
En qué sentido estamos, pregunto, ¿en qué sentido estamos dispuestos a permitir que nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros vecinos, nuestros amigos, tengan como destino predeterminado un botín triunfante o una cárcel, una plancha o un mulo, una biblioteca o una botinera?
Educar hoy, sería algo así como aprender y enseñar a cazar los sentidos como un modo de evitar el vaciamiento de los vínculos. Educar hoy es tarea reservada sólo a quienes se atrevan a desacralizar las formas instituidas en la defensa del valor de la vida en sus diferentes planos. Educar hoy sería trabajar desde el movimiento anómico reglado, ayudándonos a descubrir el jueguito de los ‘diseñadores civilizatorios’. Educar hoy sería hallar el cómo hacer para evitar que la aplicación de la regla promueva un nuevo tipo de esclavitud, una generada por la dependencia de un sentido paradojal oculto de la vida.
Quién se beneficia con este ni, a-reglado, para beneplácito de los constructores de verdades itinerantes. ¿Pueden niños y adolescentes forjarse una conciencia basada en los horizontes temporales vivenciados? Si el pasado es desechado por ‘antiguo’, el presente elevado y sacralizado hasta el ridículo y el porvenir es hoy, cómo diseñarán los jóvenes su inclusión dionisíaca conciente en el mundo. Las poderosas fuerzas transformadoras expresadas en las vivencias juveniles desorientadas por la vigencia promovida de la ambigüedad del sentido y las jerarquías vanas, podrían revolcarse indefinidamente anclándose en la deriva confusa del hoy, autobloqueando la posibilidad de inclusión o de apego a la vida.
Hoy tal vez como en pocos momentos de la historia reciente, ningún educador puede ampararse en el beneficio siempre libre de la ingenuidad ético-política porque podría estar educando a ciegas. Ésta, no sería la primera dictadura en utilizar el fútbol como soporte y canalización de valores sociales generales. Cien años atrás, el entonces ministro de educación José María Ramos Mejía culpó a los padres por el ‘desastre educativo’, tal vez porque aún no votaban. Desde hace al menos cinco años, desde algunos círculos impensados de formadores de formadores en un ejercicio de ceguera ingenua, se insiste en responsabilizar a maestros y profesores por el ‘desastre educativo’. No obstante, a pesar de la élite, ni  padres ni maestros han logrado constituirse en  ‘diseñadores civilizatorios’. Pero profundizar en este aspecto del juego reglado a-reglado, es otra tarea que nos debemos, ya que constituye la base de nuestras alternativas concientes ante la acción educativa cotidiana y tal vez de ello dependa volver o no a saborear el placer de la eficacia en los resultados obtenidos en la cancha. 
Podríamos proseguir nuestra tarea diseñando en todas las áreas una búsqueda del juego perdido, un jugar a encontrarme con mis pares, con mis compañeros, con mis, porque sin ellos, yo no sería ni siquiera un ni. Este diseño debería incluir el conocer los motivos de mi accionar, ya que sin éste ‘prefijo’ de la acción humana, la acción cotidiana semi conciente podría tornarse automática u obediente.
¿En qué sentido éstos son tiempos que autorizan que nos permitamos acciones automáticas u obedientes? ¿nos desresponsabiliza apelar al inefable “desconozco”? ¿es aceptable o bien qué implica que el futbolista se constituya en modelo social? ¿Qué las adolescentes así como antes se colgaban de una charretera, después de un guante y hoy pretendan el botín ‘a como dé lugar’, es una cuestión de cuero o de género?
Podríamos diseñar una necesidad que el juego permite desde su naturaleza y que el deporte actual, incluso el deporte de conjunto, insiste en desconocer: jugar desde el reconocimiento en reciprocidad, jugar con, en lugar de jugar para; jugar hasta que juntos cambiemos el ritual actual que disolvió el nosotros. Jugar a desacralizar lo fatuo, lo vacuo, lo fácil. Jugar a relativizar la importancia de quienes andan a las patadas por la vida pateando cráneos vacíos. Jugar el juego, jugarlo, hasta recuperar la potestad éticamente bella de lo comunitario, estéticamente bella de lo incluyente, ardorosamente viva de lo que juntos fuimos.
Los ‘diseñadores civilizatorios’, utilizando opiniones y opinantes que buscan imponer una seducente red de verdades itinerantes y modelos sociales cuestionables mediante la adopción de un relativismo maníaco, no estarían lejos de disolver el conjunto, entendido éste como la obra resultante de las relaciones sociales que nos han vinculado fructíferamente.
Ante semejante conciencia, podríamos diseñar la búsqueda de un conjunto en común, que nos aleje de la imposición de un conglomerado fragmentante y elusivo que más se afianza cuando más logra aferrarnos a un desconocimiento recíproco, mientras nos paraliza organizando nuestras vidas mediante las figuras que reinan en las alturas de este lamentable olimpo.       
¿Hay a la Joyce, un universal paralizado y muerto, o mejor con Xul Solar, inventemos un nombre, hagámonos un mundo?
Busquemos el punto de anclaje que nos permita orientarnos-orientar a los jóvenes,  -no me atrevo a decir estudiantes -, para terminar bien parados en la red.

Si fuese adolescente –tal vez ‘mataría’-, jugar con la camiseta del porvenir.    

dfa, Buenos Aires, 2009.-

martes, 5 de agosto de 2014

LA FILOSOFÍA VUELVE POR SUS FUEROS

La filosofía vuelve por sus fueros
Toda vez que los ciclos paradigmáticos se han cumplido, las disciplinas comienzan un duro trayecto de adaptaciones recíprocas que no siempre dejan de establecer ridículos o absurdos improductivos. Pareciera no ser este el caso.
Hace pocos años la filosofía veía que su apelativo de ‘madre de todas las ciencias’ migraba hacia la biología, en lo que significaba toda una decepción y un merecimiento. Las ciencias ‘duras’ retomaban su lugar en el centro del estrado y se disponían a decirnos las verdades nada relativas a las que tan poco acostumbrábamos. Esta ilusión nos duró poco, ya que advinimos a recordar que ‘lo científico’ considerado como tal poco tiene que ver con los hallazgos sino más bien con su capacidad de penetración como para lograr la marquesina de lo aceptado sociológicamente acordado. Volvía a ubicarse al alcance de cualquier ojo la metodología de manipulación tan propia de la élite, en el lugar de los logros científicos.
Así como así, la biología o sus logros consensuados, comenzó a aceptarse como al juez inapelable que dirime todas las cuestiones, en un nuevo espectáculo jerárquico proclive a la divinización de lo mundano. Se habló de la futilidad de la filosofía, de su inutilidad en tanto disciplina acorde como para desarrollarse en ámbitos educativos y académicos en general, y poco a poco, se la fue desplazando hacia el espacio de los basurales en los que pierde su tiempo la inteligencia humana.
No obstante, el prestigio ganado mal o bien en lo profundo de la experiencia humana conocida o aceptada, hizo supervivir para la filosofía un escaño en el lugar de la consulta y para los filósofos un atrio desde el que pudieran aportar sus decires favorables a tal o cual propósito en el poder. La filosofía tomó de este modo, el lugar que habían tenido desde los comienzos de la era patriarcal los poetas, es decir, fue invitada a tomar el espacio delicado de la marioneta a sueldo de un ‘rey de Creta’, o menos fino, de cualquier encumbrado pastor ario o semita o de sus instituciones en la ríspida actualidad contemporánea de estos nuevos siglo y milenio. Tan alejada de la búsqueda de la verdad y confinada al hogar de los comentaristas charlatanes asalariados de las jerarquías.
Triste fue corroborar que desde el ámbito filosófico mundial seguía favoreciéndose el movimiento censurante de los saberes científicos ‘inadecuados’. Falaz el ‘stablishment’ que enarbola un estado de cosas científico basado en la mutilación conciente de todo un área de conocimiento concreto de existentencia real. Pero de mayor falacidad adolece el escriba filósofo que calla lo que es mandado callar y anota lo que sabe que significa el engaño y la puerilización de la población humana y la espectacularización de la violencia como si fuese connatural a la especie el aterrorizamiento, ridículo tal vez, colabora a perpetuar lo infeliz otro.
Una cuña de nuevo rango apareció cuando pudimos observar que la invisibilización de todo un área de descubrimientos científicos nublaba los logros de la propia biología, los silenciaba y los distorsionaba. Fue entonces que fuimos invitados a danzar el baile del ridículo, y lo seguimos haciendo, muy bien por cierto, aunque con tan poco pudor que merecemos puerto.
Mientras esto confirmábamos, ninguna voz filosófica se elevó para ejecutar desechando las letras falaces que cantamos. Por el contrario, hicimos como si, apelamos al gesto estoico ante la ‘natural’ hostilidad salvaje en las relaciones humanas, hacemos seguimos haciendo un ejercicio de saberes remanidos en la sartén de la complacencia, o de la impotencia.
Es que estamos doloridos, resulta que si todo sigue igual y no se aceptan los saberes nuevos producidos por descubrimientos nuevos, seguiremos revolcándonos en la torpeza. A pesar de esta fe conciente, otro camino que niega nuestras prácticas surge y nos muestra la importancia del aceptar los nuevos descubrimientos y sacar de y con ellos todas las nuevas conclusiones provisorias que sean necesarias, caiga quien caiga. Pero no estamos en condiciones de portar semejante valor, estamos adocenados y ya formamos parte de lo que alguna vez negamos.
Entrando en un ejemplo sólo con el impulso perverso de morder las vísceras de esta realidad, haré una breve descripción de un caso tipo sucedido en estos días. Sin embargo, previamente, deberé decir algo referido a un acontecimiento científico de valor universal como tal vez jamás hayamos conocido. Se trata de la denominada `Revolución Arqueológica’, la que se desarrolló en parte de Europa y el cercano asiático desde 1961. Como producto de las excavaciones en centenares de sitios arqueológicos surgió la existencia concreta de sociedades prepatriarcales con una antigüedad de 11 mil años, más precisamente matrifocales o maternales, armónicas, sin guerras ni rastros de conflictos internos (sin incendios durante 7mil años), sociedades agricultoras con excedente sin Estado, avanzadas, con ciudades de hasta 20 mil personas sin espacios específicos dedicados a un culto, unificadas en una red de intercambio basado en la necesidad humana, de diferente carácter y propósito al del comercio, sin jerarquía alguna, no religiosas, extendidas en gran parte de Europa y el occidente de Asia durante siete mil años antes de que las devastasen oleadas de pastores patriarcales provenientes de Asia hace tres mil ochocientos años (ver El asalto al Hades, Casilda Rodrigañez Bustos). Es lo que hay, es lo que somos, es de donde venimos.
La ‘Revolución arqueológica’, debida en gran parte a la persistencia de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, al inglés James Mallaart y a decenas y centenares de arqueólogos que arriesgaron sus carreras con el objeto de lograr poner a disposición de los torpes semejante conocimiento, es el resultado de un especial ‘deber’ profesional, maravillosamente emprendido a pesar de todos los obstáculos que se les interpusieron a sus tareas. Dicha información no podía simplemente desaparecer y no lo hará. Es nuestro deber, ante él juramos. Gracias al patriarcado sabemos jurar. Su propio absurdo.
Otro aspecto en torno a la RA es la cerrada campaña de invisivilización, distorsión y malversación con que se somete a la obra y sus autores. Todo un desesperado signo patriarcal.
Ha cumplido cincuenta años la novia incómoda antipatriarcal, el descubrimiento más incómodo y peligroso que ningún poder económico, político, social, cultural y científico haya conocido. Se trata de desenterramientos científicos que amenazan socavar toda la construcción patriarcal señalándola como un mero artilugio ficcional basado en el crimen y la devastación. Se trata de un descomunal descubrimiento que amenaza con poner en ridículo toda la trama de las asentadas creaciones y  aseveraciones humanas, desde lo religioso, pasando por el arte, la política, las teorías de cualquier orden y sobre todo, la noción acerca de la ‘naturaleza humana’.
Aquí es tal vez adonde queríamos llegar, a la noción acerca de qué es la ‘naturaleza humana’. Llegar por fin, porque es un gran punto concentrado de llegada y de partida y de llegada. Y aquí, mediante la evidencia mostrada en los desenterramientos de la ‘Vieja Europa’, se acabaron las apreciaciones y las opiniones revestidas de ‘conocimiento científico’.
Aquí, en este instante, el espacio de la filosofía vuelve a convertirse en libertario, en el nada poco importante punto de apoyo que se necesita para ubicar las piedras en el encastre correcto, siempre que sean reconocidas como tales. Aunque, tengámoslo sabido, las piedras de la barbarie hacen su juego opuesto simultáneo. Mientras tanto esa cara, lo que parecía eterno, muestra su cara plana y temporal, su vestigio de trampa para osos, su torpeza basada en la fuerza animal, muy propia del hombre, más propia y característica del hombre que de la mujer.
Una vez que llegamos aquí, digamos de una sola vez lo que duele: La ciencia actual no sabe lo que es la naturaleza humana, y si lo sabe lo oculta.
Así y todo hagamos un esfuerzo de adecuación a lo audible sin exagerar. Dice una filósofa mexicana basada en la biología en agosto de 2014 citada por un portal de noticias*: "La guerra es una forma de conflicto y el conflicto jamás va a poder ser erradicado de la historia, porque forma parte de la naturaleza humana y de la formación de las sociedades. Es ingenuo pensar que las cosas conseguidas hasta ahora, como la construcción de nuestras instituciones políticas, son un producto de la armonía. En realidad son el resultado de conflictos", explica Santiago.
Si atendemos estas aseveraciones, podremos imaginar que esta persona conoce la obra de la ‘Vieja Europa’ y que la niega sin nombrarla. Dice: “…es ingenuo pensar…que las cosas conseguidas…son un producto de la armonía”. Aquí, en esta frase, se niega la posibilidad cierta de que hayan existido sociedades humanas armónicas porque ‘…el conflicto jamás va a poder ser erradicado de la historia…’, porque la guerra y el conflicto forman ‘…parte de la naturaleza humana…’.
Estamos, y claro que lo estamos, ante una declaración de principios de la ignorancia en boca de una patriarcalizada filósofa, que habla por boca autorizante de la biología, aunque de una biología degradada que no quiere escucharse a sí misma. Por qué: porque si lo hiciere tendría que abdicar en favor de la Arqueología, cuyos descubrimientos la ubicarían merecidamente en el lugar de la ‘Madre de todas la ciencias’. Nada más lejano para los detentores del ‘poder biológico’ que esa voluntad de verdad.
Pero a pesar de todos sus esfuerzos, loables por cierto, los descubrimientos de ‘la ciencia’ no pueden valorarse a sí mismos. No obstante, la ‘Revolución arqueológica’ es casi una excepción, porque se necesita un bastón mental para negarle validez validante en toda una larga serie de disciplinas científicas afectadas por su bagaje.
Por último algo más obvio aún. Si la guerra y el conflicto es connatural a la especie, la represión de los impulsos no impediría autorizarnos a ‘…buscarle una salida racional…’.* Este razonamiento es falaz, adolece de una petición de principios invertida para quien la quiera ver. O bien no, tal vez sea de este otro modo: tenemos dos naturalezas, una guerrera y otra racional, y esta podría limitar a aquélla. Lamentable, pero sí, aunque sólo parece ser la medida promovida por un desesperado, algo así como un ebrio de un ébola autofagocitante que pretende limitarse a sí mismo. Pobre persona humana actual, el producido mental racional patriarcal adolece de pauperrimus canis. No es una burla, es una categoría racional bien ganada tras cuatro mil años en el pleno ejercicio de su limitación natural. El homo patriarcalis sapiens es a todas posibilidades, un homínido con limitaciones impuestas por su naturaleza conflictiva con base en su estrecha sexualidad.
Por último verdadero. Todo lo que se ha dicho no afecta en nada a la ‘naturaleza biológica femenina’, la que ha dado muestras de laboratorio y ejercicio del poder compatibles con la armonía y la ausencia de conflictos y guerras durante 7mil años.* En las avanzadas sociedades maternales del neolítico? Sí. Lo que la biología no quiere aceptar. Sí. Qué es lo que no quiere aceptar? Que lo humano tiene dos naturalezas biológicas opuestas, una del hombre y otra la de la mujer? No me digas. Sí.
Pitágoras, el silencio tiene un límite. Y el ejercicio del crimen, del paradigma criminal como ciencia normal, también.
dfa, buenos aires, 4 de agosto de 2014.-
* Infobae.com.-
* Santiago Oropeza, Teresa.
* Rodrigañez Bustos, Casilda, El asalto al Hades, Madrid, 2001.-
* Rodrigañez Bustos, Casilda, La rebelión de Edipo II, cap I, sitio web oficial.-

Bienvenida y propósitos

Este blog estará dedicado a tratar la información y los temas que son 'invisibilizados' por los poderes civilizatorios patriarcales efectivos de todo orden, así como para dar cabida a las posiciones circulantes que no hallan espacios como para debatir acerca de la censura a la investigación científica, las variantes en las teorías científicas ante la información obtenida por la denominada 'Revolución arqueológica', el conflicto entre los géneros y todo tipo de situaciones que afecten la vida humana.
Desde aquí también se postula como Benefactores de la Humanidad a Marija Gimbutas, James Mallaart, Casilda Rodrigañez Bustos, y al resto de los profesionales descubridores, investigadores y divulgadores de semejante descubrimiento científico.
dfa, buenos aires, 5 de agosto de 2014.-
(como parte de El fracaso del patriarcado)