EL VALOR DE LA CENSURA como método
de recolonización y dogmatización.-
Una vez cerrado el ciclo maquiavélico en cuanto
a la separación de la ética y la política, podemos exigir de los científicos
-ya es hora- un comportamiento comprometido que rechace las situaciones que
promueven los emprendimientos imperialistas, es decir, desde la GTA*, renovados
modos de exterminio.
Es momento de escuchar atentamente, nos recuerda sin hacerlo el antropólogo
norteamericano David H. Price: “…en el devenir histórico de las empresas
coloniales primero llega la infantería, luego los ingenieros en minas y los
agrónomos, algo después los misioneros y finalmente, los antropólogos. Las
tradiciones antropológicas británicas, francesas, holandesas y alemanas
estuvieron ligadas con las aventuras coloniales en África, Asia, Indonesia y
otros lugares, mientras los estudios etnológicos en Estados Unidos entre los
pueblos originarios americanos no pueden ser separados de una vergonzosa
historia de conquista y genocidio”.
Price, un científico
que no tiembla en sus afirmaciones, también afirma que las guerras actuales las
llevan adelante los antropólogos. Nosotros diremos que si bien los soldados de
vanguardia son ellos, el método imperializante aplica en prioridad, tal vez con
una intensidad incomparable, la censura de información científica de gran
interés social general, como arma decisiva de sometimiento y mantenimiento del
orden establecido. Esto es así, porque lo que revela la Revolución Arqueológica
(RA), afecta directamente las raíces de
la actual civilización, desoculta el artificio patriarcal, devela la magnitud
de la represión, exhibe la manipulación y la infantilización de las personas
por parte incluso de las ‘mejores personas’, descubre las falacias científicas,
enfoca en las principales columnas del edificio inventado por el aparato
propagandístico desde Homero hasta Riane Eisler, contiene una capacidad
disolvente que preocupa al comando civilizatorio patriarcal. Ya veremos por
qué.
Una vez asumido el
compromiso aludido miremos un poco más de cerca. La importancia de la RA
estriba en sus alcances y consecuencias de aplicación, en algunos casos,
ineludible. Esta novedosa situación surge porque se han descubierto desde 1961, en el marco de lo que se conoce como ‘Vieja
Europa’ (Old Europe), en centenares de sitios arqueológicos, en gran parte de
Europa y el Occidente de Asia,
sociedades anteriores en 7 mil años a las aceptadas como más antiguas.
Estos descubrimientos científicos se los debemos al trabajo esforzado de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, al inglés James Mallaart, y muchos otros que arriesgaron su vida y sus profesiones para legarnos semejante verdad histórica. Estas sociedades tienen una antigüedad de 10 mil quinientos años y se extendieron por gran parte de Europa y el este de Asia. Sus características salientes indican que fueron sociedades no religiosas, maternales, armónicas, agricultoras, no beligerantes ni jerárquicas, fraternas, comerciantes, con excedente sin Estado, cuyas ciudades por centenares ubicadas en los valles, alcanzaron hasta 20 mil habitantes cada una, en todo el territorio de su influencia.
Detengámonos un momento. Originalmente, fueron sociedades maternales (no matriarcales, ni matrilineales), sino matrifocales, es decir, basadas en la armonía de los sexos, no en la autoridad de las mujeres, como se pretende, armonía que se lograba en base al despliegue pleno de la sexualidad femenina, la que sigue proporcionando naturalmente ayuda mutua y cooperación, a pesar de la represión impuesta conocida como matricidio o ginecocidio y la prohibición al conjunto humano del ejercicio de la plena sexualidad.
Estas sociedades euroasiáticas, de notorias similitudes con las que cubrían toda la geografía americana, también devastadas, tenían como prioridad a las criaturas, cuyo amparo y el de los desvalidos corría por cuenta del conjunto. Fueron sociedades de agricultores cuyo excedente se repartía y comercializaba por medio de una red extensa que abarcaba casi todo el territorio europeo y el occidente asiático, sin huellas de conflictos ni guerras durante 7 mil años.
Fueron sociedades que priorizaban el placer como vía de acceso a la felicidad y a la fraternidad mediante la cooperación, lo cual concretaba el principio libertario sacándolo de una mera enunciación abstracta. Estas sociedades entendieron al trabajo como juego, eran joviales y celebraban la vida. Se las conoce también como sociedades de la ‘Celebración de la vida’.
El resultado científico muestra que no fueron sociedades guerreras ni jerárquicas, sino armónicas, fraternas y a-religiosas. Los cementerios no muestran signos de jerarquía alguna, ni lujos, ni ostentación, ni templos ni culto a dioses. En ellas se practicaba un culto muy extendido en el tiempo a la Tierra en tanto posibilitadora de vida, y a la fuente de vida humana, al útero y la matriz y el cuerpo de la mujer, lo que les confirió el carácter de ‘maternales’. Esta particularidad puede apreciarse en el millar de pequeñas obras de arte desenterradas talladas en marfil y en piedra de hasta 40 mil años de antigüedad.
En suma, estas sociedades fueron anteriores al patriarcado, el que las arrasó desde hace 4500 años para imponer gradualmente la civilización que hoy nos rige, ya que el ataque de las hordas de pastores arios y semitas fue modificando poco a poco las características primigenias, convirtiéndolas en matriarcales y guerreras y luego derivando el comando político-militar hacia la mayor fuerza física del hombre, hasta asimilarlas al modo de vida patriarcal.
Se hace necesario decir que la bióloga española Casilda Rodrigañez Bustos, sintetiza las virtudes de estas sociedades sobre todo en su libro de 2001, ‘El asalto al Hades’.
Ya desde aquí podemos vislumbrar por qué este singular y extraordinario descubrimiento está sistemáticamente boicoteado, desfinanciado, censurado, oculto y distorsionado por las fuerzas culturales patriarcales. En Argentina la censura es efectiva y se traduce en la ausencia de los principales autores de la ‘Vieja Europa’ de los catálogos de las principales bibliotecas. Tampoco figuran en los catálogos de las librerías del circuito comercial autores como los nombrados, incluyendo a Josu Naberan, la antropóloga argentina Martha Moia, Francisca Martín Cano, Anne Baring, Jules Cashford y muchos otros.
Estos descubrimientos científicos se los debemos al trabajo esforzado de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, al inglés James Mallaart, y muchos otros que arriesgaron su vida y sus profesiones para legarnos semejante verdad histórica. Estas sociedades tienen una antigüedad de 10 mil quinientos años y se extendieron por gran parte de Europa y el este de Asia. Sus características salientes indican que fueron sociedades no religiosas, maternales, armónicas, agricultoras, no beligerantes ni jerárquicas, fraternas, comerciantes, con excedente sin Estado, cuyas ciudades por centenares ubicadas en los valles, alcanzaron hasta 20 mil habitantes cada una, en todo el territorio de su influencia.
Detengámonos un momento. Originalmente, fueron sociedades maternales (no matriarcales, ni matrilineales), sino matrifocales, es decir, basadas en la armonía de los sexos, no en la autoridad de las mujeres, como se pretende, armonía que se lograba en base al despliegue pleno de la sexualidad femenina, la que sigue proporcionando naturalmente ayuda mutua y cooperación, a pesar de la represión impuesta conocida como matricidio o ginecocidio y la prohibición al conjunto humano del ejercicio de la plena sexualidad.
Estas sociedades euroasiáticas, de notorias similitudes con las que cubrían toda la geografía americana, también devastadas, tenían como prioridad a las criaturas, cuyo amparo y el de los desvalidos corría por cuenta del conjunto. Fueron sociedades de agricultores cuyo excedente se repartía y comercializaba por medio de una red extensa que abarcaba casi todo el territorio europeo y el occidente asiático, sin huellas de conflictos ni guerras durante 7 mil años.
Fueron sociedades que priorizaban el placer como vía de acceso a la felicidad y a la fraternidad mediante la cooperación, lo cual concretaba el principio libertario sacándolo de una mera enunciación abstracta. Estas sociedades entendieron al trabajo como juego, eran joviales y celebraban la vida. Se las conoce también como sociedades de la ‘Celebración de la vida’.
El resultado científico muestra que no fueron sociedades guerreras ni jerárquicas, sino armónicas, fraternas y a-religiosas. Los cementerios no muestran signos de jerarquía alguna, ni lujos, ni ostentación, ni templos ni culto a dioses. En ellas se practicaba un culto muy extendido en el tiempo a la Tierra en tanto posibilitadora de vida, y a la fuente de vida humana, al útero y la matriz y el cuerpo de la mujer, lo que les confirió el carácter de ‘maternales’. Esta particularidad puede apreciarse en el millar de pequeñas obras de arte desenterradas talladas en marfil y en piedra de hasta 40 mil años de antigüedad.
En suma, estas sociedades fueron anteriores al patriarcado, el que las arrasó desde hace 4500 años para imponer gradualmente la civilización que hoy nos rige, ya que el ataque de las hordas de pastores arios y semitas fue modificando poco a poco las características primigenias, convirtiéndolas en matriarcales y guerreras y luego derivando el comando político-militar hacia la mayor fuerza física del hombre, hasta asimilarlas al modo de vida patriarcal.
Se hace necesario decir que la bióloga española Casilda Rodrigañez Bustos, sintetiza las virtudes de estas sociedades sobre todo en su libro de 2001, ‘El asalto al Hades’.
Ya desde aquí podemos vislumbrar por qué este singular y extraordinario descubrimiento está sistemáticamente boicoteado, desfinanciado, censurado, oculto y distorsionado por las fuerzas culturales patriarcales. En Argentina la censura es efectiva y se traduce en la ausencia de los principales autores de la ‘Vieja Europa’ de los catálogos de las principales bibliotecas. Tampoco figuran en los catálogos de las librerías del circuito comercial autores como los nombrados, incluyendo a Josu Naberan, la antropóloga argentina Martha Moia, Francisca Martín Cano, Anne Baring, Jules Cashford y muchos otros.
Mientras pensamos en lo dicho, diremos que hoy,
40millones de especies en extinción del Amazonas son robadas con destino
secreto. Es decir, el patriarcado tiene una gran versatilidad para sobrevivir
-tanto como ninguna otra civilización conocida-, y es por eso que ya se prepara
para reproducirse al ‘infinito’, ya sea en África, la Antártida, la luna, el
sur de Argentina y Chile en donde intereses multinacionales han comprado
millones de Ha, o donde pueda, tanto en caso de cataclismo climático como de
autodestrucción.
Es sumamente
importante detenernos un instante para valorar someramente qué aspectos del
conocimiento científico afecta la RA. La RA aporta información que afecta a las
más importantes áreas del saber actual, allí las afirmaciones establecidas como
estables, son prácticamente ridiculizables, como por ejemplo, que la naturaleza
humana tiene un ‘tanatos congénito’, un instinto de muerte que nos haría
proclives al conflicto, la destrucción y la guerra.
El rugido de la
verdad científica será muy difícil de acallar, aunque en otras áreas es más
obvio que en lo psi y lo bio. En Historia, para proseguir, habría que datar nuevamente
Historia Antigua, ya que lo social existente previo a los Sumerios con atisbos
de escritura, es anterior en cuatro mil quinientos años. Lo griego desaparece
como supuesta primera construcción de civilidad organizada. En Economía y
Ciencias Políticas se reevaluará que hayan existido sociedades con excedente
económico sin jerarquías ni surgimiento de Estados. En Sociología el golpe es
evidente. También deberá valorarse adecuadamente en cuanto al concepto de
comercio, ya que no existía tal como lo conocemos histórica y universalmente,
sino como magníficas redes de intercambio
basadas en las necesidades humanas tales como el amparo a los débiles, al
conjunto.
Un párrafo especial
requiere la ausencia corroborada de un ego
basado en la noción de mío-tuyo. Esta
ausencia en la evidencia arqueológica muestra que la construcción del ego,
derivado de la imposición del yo respecto del nosotros, es una necesidad de la
jerarquía, necesidad establecida para incorporar a la vida como si fuese
natural la propiedad privada de los
objetos. Digámoslo sin temores, lo que surge es que la propiedad privada no
tiene nada que ver con la naturaleza humana, es un invento fatal del
patriarcado impuesto mediante una gran magnitud devastadora.
Ahora un poco de algo
con cierta importancia pedagógica: cuando reneguemos de la vida, tengamos en
cuenta que esta es la vida que diseñó el patriarcado conciente, y de ninguna
manera se trata de un derivado de la naturaleza humana en su conjunto, ni de la
vida como su inmanencia. Así es. De la evidencia arqueológica surge una
importante diferencia en cuanto al comportamiento natural de los sexos. Las
sociedades matrifocales amparaban al
conjunto sin jerarquías ni sometimientos de ningún orden. Pero, en las
sociedades patriarcales, es decir, pater, arké o arjé, principio, basadas en el
principio paterno y la autoridad que de él surge, desaparece el interés o la
eficacia en el amparo, se exacerba la jerarquización, la competencia y la
‘excelencia’ hasta el absurdo, se somete sistemática y concientemente, se nutre
el aislamiento en detrimento de cualquier lazo afectivo comunal.
De aquí surge una
tarea extra para los biólogos –negarse
será difícil-, surge que la naturaleza humana no es única sino dual: a- la
naturaleza del hombre, b- la naturaleza de la mujer. Desde la filosofía no nos
atrevemos a negarlo, sino que esta opción apoyada en la biología, nos resulta
sumamente esclarecedor.
Por último, un
aspecto que no podemos olvidar. De la evidencia arqueológica aparece una
ausencia notoria de jerarquías en todos los órdenes de la vida de las
sociedades maternales, ya sea en
vestimenta, ausencia de objetos suntuarios o de aquello que pudiese mostrar una
diferencia de niveles entre las personas. Aceptar esta evidencia podría molestarnos,
nos resulta muy difícil admitirla porque ya somos el producto consumado,
adobado durante cuatro milenios, el producto jerárquico y brutal del diseño
civilizatorio patriarcal basado en la naturaleza masculina, es decir, en una
parte de la especie humana, los hombres. Sin obviar que las mujeres también son
parte ya de esta construcción, tanto psíquicamente como en otras áreas. No
olvidemos que para el psicoanálisis ‘estar bien psíquicamente’ es estar ‘bien
adaptado’. Adaptados a qué: al diseño patriarcal de la vida. Por qué. Por razones
de eficacia en la dominación.
Baste para valorar
adecuadamente este fundamental propósito patriarcal decir qué: que de acuerdo
con la evidencia científica desenterrada, nuestra psique es un resultado cultural y de ninguna manera nos hallamos
ante las manifestaciones psíquicas que tendrá la especie humana en libertad.
Podríamos extender el argumento hasta decir sin gran margen de error, que este
humano de hoy, triunfante desde hace 3 mil 800 años, debería llamarse Homo Ludens Patriarchalis. Es casi obvio
para la información científica de que disponemos, que la civilización actual y
el comportamiento individual y social que ha establecido, es entonces un algo
completamente contingente, es decir, nada natural, ni inmanente ni eterna como
se pretende, sino sólo el resultado del particular modo de jugar que lleva el macho humano en su naturaleza. Obviamente
también, enciende una luz de alerta respecto de la eficacia de los futuros
sistemas de reproducción de la vida que el patriarcado pretenda comandar. A su vez, permite señalar un nivel diferente
para el enfoque del estudio de los sistemas socialistas emergidos en el siglo
pasado. Esto y mucho más surge de un somero análisis de la obra de la Vieja Europa, a partir de la denominada
RA.
Es en suma el sentido
y el propósito de esta publicación, poner al servicio de quienes se comprometan
en el legítimo interés por estas humanas cuestiones, nuestra mejor disposición
al debate abierto en el presente escrito, así como a las aclaraciones y
rectificaciones que fuesen necesarias.
Desde la clara mirada de los valientes que se
niegan a matar niños palestinos tal vez en recuerdo de Acosta Ñu, surge una
renovada forma de hacer política: la que exige de nuestro compromiso la lucha
contra el engaño, el ocultamiento, la distorsión y la amenaza, el
desfinanciamiento, el truncar carreras científicas, la invisibilización de
información científica no adecuada a los fines de la civilización patriarcal,
todas ellas conductas metodológicas imperiales que insisten en volver a
enterrar la evidencia científica incómoda que surge de la ‘Revolución
Arqueológica’, lo que indica sin equívocos que el patriarcado capitalista en la
actualidad, se ha ‘medievalizado’, muestra claros rasgos oscurantistas,
anticientíficos y criminales, como lo fue desde su cuna hace 3800 años, y con
una intensidad que recuerda sus orígenes.
*Guerra de la Triple Alianza
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