La filosofía vuelve
por sus fueros
Toda vez que los ciclos paradigmáticos se han cumplido, las
disciplinas comienzan un duro trayecto de adaptaciones recíprocas que no
siempre dejan de establecer ridículos o absurdos improductivos. Pareciera no ser este el
caso.
Hace pocos años la filosofía veía que su apelativo de ‘madre
de todas las ciencias’ migraba hacia la biología, en lo que significaba toda
una decepción y un merecimiento. Las ciencias ‘duras’ retomaban su lugar en el
centro del estrado y se disponían a decirnos las verdades nada relativas a las
que tan poco acostumbrábamos. Esta ilusión nos duró poco, ya que advinimos a
recordar que ‘lo científico’ considerado como tal poco tiene que ver con los
hallazgos sino más bien con su capacidad de penetración como para lograr la
marquesina de lo aceptado sociológicamente acordado. Volvía a ubicarse al
alcance de cualquier ojo la metodología de manipulación tan propia de la élite,
en el lugar de los logros científicos.
Así como así, la biología o sus logros consensuados, comenzó
a aceptarse como al juez inapelable que dirime todas las cuestiones, en un
nuevo espectáculo jerárquico proclive a la divinización de lo mundano. Se habló
de la futilidad de la filosofía, de su inutilidad en tanto disciplina acorde
como para desarrollarse en ámbitos educativos y académicos en general, y poco a
poco, se la fue desplazando hacia el espacio de los basurales en los que pierde
su tiempo la inteligencia humana.
No obstante, el prestigio ganado mal o bien en lo profundo
de la experiencia humana conocida o aceptada, hizo supervivir para la filosofía
un escaño en el lugar de la consulta y para los filósofos un atrio desde el que
pudieran aportar sus decires favorables a tal o cual propósito en el poder. La
filosofía tomó de este modo, el lugar que habían tenido desde los comienzos de
la era patriarcal los poetas, es decir, fue invitada a tomar el espacio
delicado de la marioneta a sueldo de un ‘rey de Creta’, o menos fino, de
cualquier encumbrado pastor ario o semita o de sus instituciones en la ríspida actualidad
contemporánea de estos nuevos siglo y milenio. Tan alejada de la búsqueda de la
verdad y confinada al hogar de los comentaristas charlatanes asalariados de las
jerarquías.
Triste fue corroborar que desde el ámbito filosófico mundial
seguía favoreciéndose el movimiento censurante de los saberes científicos
‘inadecuados’. Falaz el ‘stablishment’ que enarbola un estado de cosas
científico basado en la mutilación conciente de todo un área de conocimiento
concreto de existentencia real. Pero de mayor falacidad adolece el escriba
filósofo que calla lo que es mandado callar y anota lo que sabe que significa
el engaño y la puerilización de la población humana y la espectacularización de
la violencia como si fuese connatural a la especie el aterrorizamiento,
ridículo tal vez, colabora a perpetuar lo infeliz otro.
Una cuña de nuevo rango apareció cuando pudimos observar que
la invisibilización de todo un área de descubrimientos científicos nublaba los
logros de la propia biología, los silenciaba y los distorsionaba. Fue entonces
que fuimos invitados a danzar el baile del ridículo, y lo seguimos haciendo,
muy bien por cierto, aunque con tan poco pudor que merecemos puerto.
Mientras esto confirmábamos, ninguna voz filosófica se elevó
para ejecutar desechando las letras falaces que cantamos. Por el contrario,
hicimos como si, apelamos al gesto estoico ante la ‘natural’ hostilidad salvaje
en las relaciones humanas, hacemos seguimos haciendo un ejercicio de saberes
remanidos en la sartén de la complacencia, o de la impotencia.
Es que estamos doloridos, resulta que si todo sigue igual y
no se aceptan los saberes nuevos producidos por descubrimientos nuevos,
seguiremos revolcándonos en la torpeza. A pesar de esta fe conciente, otro
camino que niega nuestras prácticas surge y nos muestra la importancia del
aceptar los nuevos descubrimientos y sacar de y con ellos todas las nuevas
conclusiones provisorias que sean necesarias, caiga quien caiga. Pero no
estamos en condiciones de portar semejante valor, estamos adocenados y ya
formamos parte de lo que alguna vez negamos.
Entrando en un ejemplo sólo con el impulso perverso de
morder las vísceras de esta realidad, haré una breve descripción de un caso
tipo sucedido en estos días. Sin embargo, previamente, deberé decir algo
referido a un acontecimiento científico de valor universal como tal vez jamás
hayamos conocido. Se trata de la denominada `Revolución Arqueológica’, la que
se desarrolló en parte de Europa y el cercano asiático desde 1961. Como producto
de las excavaciones en centenares de sitios arqueológicos surgió la existencia
concreta de sociedades prepatriarcales con una antigüedad de 11 mil años, más
precisamente matrifocales o maternales, armónicas, sin guerras ni rastros de
conflictos internos (sin incendios durante 7mil años), sociedades agricultoras
con excedente sin Estado, avanzadas, con ciudades de hasta 20 mil personas sin
espacios específicos dedicados a un culto, unificadas en una red de intercambio
basado en la necesidad humana, de diferente carácter y propósito al del
comercio, sin jerarquía alguna, no religiosas, extendidas en gran parte de
Europa y el occidente de Asia durante siete mil años antes de que las
devastasen oleadas de pastores patriarcales provenientes de Asia hace tres mil
ochocientos años (ver El asalto al Hades, Casilda Rodrigañez Bustos). Es lo que
hay, es lo que somos, es de donde venimos.
La ‘Revolución arqueológica’, debida en gran parte a la persistencia
de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, al inglés James Mallaart y a decenas y
centenares de arqueólogos que arriesgaron sus carreras con el objeto de lograr
poner a disposición de los torpes semejante conocimiento, es el resultado de un
especial ‘deber’ profesional, maravillosamente emprendido a pesar de todos los
obstáculos que se les interpusieron a sus tareas. Dicha información no podía
simplemente desaparecer y no lo hará. Es nuestro deber, ante él juramos.
Gracias al patriarcado sabemos jurar. Su propio absurdo.
Otro aspecto en torno a la RA es la cerrada campaña de
invisivilización, distorsión y malversación con que se somete a la obra y sus
autores. Todo un desesperado signo patriarcal.
Ha cumplido cincuenta años la novia incómoda antipatriarcal,
el descubrimiento más incómodo y peligroso que ningún poder económico, político,
social, cultural y científico haya conocido. Se trata de desenterramientos
científicos que amenazan socavar toda la construcción patriarcal señalándola
como un mero artilugio ficcional basado en el crimen y la devastación. Se trata
de un descomunal descubrimiento que amenaza con poner en ridículo toda la trama
de las asentadas creaciones y
aseveraciones humanas, desde lo religioso, pasando por el arte, la
política, las teorías de cualquier orden y sobre todo, la noción acerca de la
‘naturaleza humana’.
Aquí es tal vez adonde queríamos llegar, a la noción acerca
de qué es la ‘naturaleza humana’. Llegar por fin, porque es un gran punto
concentrado de llegada y de partida y de llegada. Y aquí, mediante la evidencia
mostrada en los desenterramientos de la ‘Vieja Europa’, se acabaron las
apreciaciones y las opiniones revestidas de ‘conocimiento científico’.
Aquí, en este instante, el espacio de la filosofía vuelve a
convertirse en libertario, en el nada poco importante punto de apoyo que se
necesita para ubicar las piedras en el encastre correcto, siempre que sean
reconocidas como tales. Aunque, tengámoslo sabido, las piedras de la barbarie
hacen su juego opuesto simultáneo. Mientras tanto esa cara, lo que parecía
eterno, muestra su cara plana y temporal, su vestigio de trampa para osos, su torpeza
basada en la fuerza animal, muy propia del hombre, más propia y característica
del hombre que de la mujer.
Una vez que llegamos aquí, digamos de una sola vez lo que
duele: La ciencia actual no sabe lo que es la naturaleza humana, y si lo sabe
lo oculta.
Así y todo hagamos un esfuerzo de adecuación a lo audible sin
exagerar. Dice una filósofa mexicana basada en la biología en agosto de 2014 citada por un portal de noticias*: "La guerra es una forma de conflicto
y el
conflicto jamás va a poder ser erradicado de la historia, porque forma parte de la naturaleza humana y de la formación de las
sociedades. Es ingenuo pensar que las cosas conseguidas hasta ahora, como la
construcción de nuestras instituciones políticas, son un producto
de la armonía. En realidad son el resultado de
conflictos", explica Santiago.
Si atendemos estas aseveraciones, podremos
imaginar que esta persona conoce la obra de la ‘Vieja Europa’ y que la niega
sin nombrarla. Dice: “…es ingenuo pensar…que las cosas conseguidas…son un
producto de la armonía”. Aquí, en esta frase, se niega la posibilidad cierta de
que hayan existido sociedades humanas armónicas porque ‘…el conflicto jamás va
a poder ser erradicado de la historia…’, porque la guerra y el conflicto forman
‘…parte de la naturaleza humana…’.
Estamos, y claro que lo estamos, ante una declaración de
principios de la ignorancia en boca de una patriarcalizada filósofa, que habla
por boca autorizante de la biología, aunque de una biología degradada que no
quiere escucharse a sí misma. Por qué: porque si lo hiciere tendría que abdicar
en favor de la Arqueología, cuyos descubrimientos la ubicarían merecidamente en
el lugar de la ‘Madre de todas la ciencias’. Nada más lejano para los detentores
del ‘poder biológico’ que esa voluntad de verdad.
Pero a pesar de todos sus esfuerzos, loables por cierto, los
descubrimientos de ‘la ciencia’ no pueden valorarse a sí mismos. No obstante,
la ‘Revolución arqueológica’ es casi una excepción, porque se necesita un
bastón mental para negarle validez validante en toda una larga serie de
disciplinas científicas afectadas por su bagaje.
Por último algo más obvio aún. Si la guerra y el conflicto
es connatural a la especie, la represión de los impulsos no impediría
autorizarnos a ‘…buscarle una salida racional…’.* Este
razonamiento es falaz, adolece de una petición de principios invertida para
quien la quiera ver. O bien no, tal vez sea de este otro modo: tenemos dos
naturalezas, una guerrera y otra racional, y esta podría limitar a aquélla. Lamentable,
pero sí, aunque sólo parece ser la medida promovida por un desesperado, algo
así como un ebrio de un ébola autofagocitante que pretende limitarse a sí
mismo. Pobre persona humana actual, el producido mental racional patriarcal
adolece de pauperrimus canis. No es
una burla, es una categoría racional bien ganada tras cuatro mil años en el pleno
ejercicio de su limitación natural. El homo
patriarcalis sapiens es a todas posibilidades, un homínido con limitaciones
impuestas por su naturaleza conflictiva con base en su estrecha sexualidad.
Por último verdadero. Todo lo que se ha dicho no afecta en
nada a la ‘naturaleza biológica femenina’, la que ha dado muestras de
laboratorio y ejercicio del poder compatibles con la armonía y la ausencia de
conflictos y guerras durante 7mil años.* En las avanzadas sociedades maternales
del neolítico? Sí. Lo que la biología no quiere aceptar. Sí. Qué es lo que no
quiere aceptar? Que lo humano tiene dos naturalezas biológicas opuestas, una
del hombre y otra la de la mujer? No me digas. Sí.
Pitágoras, el silencio tiene un límite. Y el ejercicio del
crimen, del paradigma criminal como ciencia normal, también.
dfa, buenos aires, 4 de agosto de 2014.-
* Infobae.com.-
* Santiago Oropeza, Teresa.
* Rodrigañez Bustos, Casilda, El asalto al Hades, Madrid, 2001.-
* Rodrigañez Bustos, Casilda, La rebelión de Edipo II, cap I, sitio web oficial.-
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