martes, 5 de agosto de 2014

LA FILOSOFÍA VUELVE POR SUS FUEROS

La filosofía vuelve por sus fueros
Toda vez que los ciclos paradigmáticos se han cumplido, las disciplinas comienzan un duro trayecto de adaptaciones recíprocas que no siempre dejan de establecer ridículos o absurdos improductivos. Pareciera no ser este el caso.
Hace pocos años la filosofía veía que su apelativo de ‘madre de todas las ciencias’ migraba hacia la biología, en lo que significaba toda una decepción y un merecimiento. Las ciencias ‘duras’ retomaban su lugar en el centro del estrado y se disponían a decirnos las verdades nada relativas a las que tan poco acostumbrábamos. Esta ilusión nos duró poco, ya que advinimos a recordar que ‘lo científico’ considerado como tal poco tiene que ver con los hallazgos sino más bien con su capacidad de penetración como para lograr la marquesina de lo aceptado sociológicamente acordado. Volvía a ubicarse al alcance de cualquier ojo la metodología de manipulación tan propia de la élite, en el lugar de los logros científicos.
Así como así, la biología o sus logros consensuados, comenzó a aceptarse como al juez inapelable que dirime todas las cuestiones, en un nuevo espectáculo jerárquico proclive a la divinización de lo mundano. Se habló de la futilidad de la filosofía, de su inutilidad en tanto disciplina acorde como para desarrollarse en ámbitos educativos y académicos en general, y poco a poco, se la fue desplazando hacia el espacio de los basurales en los que pierde su tiempo la inteligencia humana.
No obstante, el prestigio ganado mal o bien en lo profundo de la experiencia humana conocida o aceptada, hizo supervivir para la filosofía un escaño en el lugar de la consulta y para los filósofos un atrio desde el que pudieran aportar sus decires favorables a tal o cual propósito en el poder. La filosofía tomó de este modo, el lugar que habían tenido desde los comienzos de la era patriarcal los poetas, es decir, fue invitada a tomar el espacio delicado de la marioneta a sueldo de un ‘rey de Creta’, o menos fino, de cualquier encumbrado pastor ario o semita o de sus instituciones en la ríspida actualidad contemporánea de estos nuevos siglo y milenio. Tan alejada de la búsqueda de la verdad y confinada al hogar de los comentaristas charlatanes asalariados de las jerarquías.
Triste fue corroborar que desde el ámbito filosófico mundial seguía favoreciéndose el movimiento censurante de los saberes científicos ‘inadecuados’. Falaz el ‘stablishment’ que enarbola un estado de cosas científico basado en la mutilación conciente de todo un área de conocimiento concreto de existentencia real. Pero de mayor falacidad adolece el escriba filósofo que calla lo que es mandado callar y anota lo que sabe que significa el engaño y la puerilización de la población humana y la espectacularización de la violencia como si fuese connatural a la especie el aterrorizamiento, ridículo tal vez, colabora a perpetuar lo infeliz otro.
Una cuña de nuevo rango apareció cuando pudimos observar que la invisibilización de todo un área de descubrimientos científicos nublaba los logros de la propia biología, los silenciaba y los distorsionaba. Fue entonces que fuimos invitados a danzar el baile del ridículo, y lo seguimos haciendo, muy bien por cierto, aunque con tan poco pudor que merecemos puerto.
Mientras esto confirmábamos, ninguna voz filosófica se elevó para ejecutar desechando las letras falaces que cantamos. Por el contrario, hicimos como si, apelamos al gesto estoico ante la ‘natural’ hostilidad salvaje en las relaciones humanas, hacemos seguimos haciendo un ejercicio de saberes remanidos en la sartén de la complacencia, o de la impotencia.
Es que estamos doloridos, resulta que si todo sigue igual y no se aceptan los saberes nuevos producidos por descubrimientos nuevos, seguiremos revolcándonos en la torpeza. A pesar de esta fe conciente, otro camino que niega nuestras prácticas surge y nos muestra la importancia del aceptar los nuevos descubrimientos y sacar de y con ellos todas las nuevas conclusiones provisorias que sean necesarias, caiga quien caiga. Pero no estamos en condiciones de portar semejante valor, estamos adocenados y ya formamos parte de lo que alguna vez negamos.
Entrando en un ejemplo sólo con el impulso perverso de morder las vísceras de esta realidad, haré una breve descripción de un caso tipo sucedido en estos días. Sin embargo, previamente, deberé decir algo referido a un acontecimiento científico de valor universal como tal vez jamás hayamos conocido. Se trata de la denominada `Revolución Arqueológica’, la que se desarrolló en parte de Europa y el cercano asiático desde 1961. Como producto de las excavaciones en centenares de sitios arqueológicos surgió la existencia concreta de sociedades prepatriarcales con una antigüedad de 11 mil años, más precisamente matrifocales o maternales, armónicas, sin guerras ni rastros de conflictos internos (sin incendios durante 7mil años), sociedades agricultoras con excedente sin Estado, avanzadas, con ciudades de hasta 20 mil personas sin espacios específicos dedicados a un culto, unificadas en una red de intercambio basado en la necesidad humana, de diferente carácter y propósito al del comercio, sin jerarquía alguna, no religiosas, extendidas en gran parte de Europa y el occidente de Asia durante siete mil años antes de que las devastasen oleadas de pastores patriarcales provenientes de Asia hace tres mil ochocientos años (ver El asalto al Hades, Casilda Rodrigañez Bustos). Es lo que hay, es lo que somos, es de donde venimos.
La ‘Revolución arqueológica’, debida en gran parte a la persistencia de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, al inglés James Mallaart y a decenas y centenares de arqueólogos que arriesgaron sus carreras con el objeto de lograr poner a disposición de los torpes semejante conocimiento, es el resultado de un especial ‘deber’ profesional, maravillosamente emprendido a pesar de todos los obstáculos que se les interpusieron a sus tareas. Dicha información no podía simplemente desaparecer y no lo hará. Es nuestro deber, ante él juramos. Gracias al patriarcado sabemos jurar. Su propio absurdo.
Otro aspecto en torno a la RA es la cerrada campaña de invisivilización, distorsión y malversación con que se somete a la obra y sus autores. Todo un desesperado signo patriarcal.
Ha cumplido cincuenta años la novia incómoda antipatriarcal, el descubrimiento más incómodo y peligroso que ningún poder económico, político, social, cultural y científico haya conocido. Se trata de desenterramientos científicos que amenazan socavar toda la construcción patriarcal señalándola como un mero artilugio ficcional basado en el crimen y la devastación. Se trata de un descomunal descubrimiento que amenaza con poner en ridículo toda la trama de las asentadas creaciones y  aseveraciones humanas, desde lo religioso, pasando por el arte, la política, las teorías de cualquier orden y sobre todo, la noción acerca de la ‘naturaleza humana’.
Aquí es tal vez adonde queríamos llegar, a la noción acerca de qué es la ‘naturaleza humana’. Llegar por fin, porque es un gran punto concentrado de llegada y de partida y de llegada. Y aquí, mediante la evidencia mostrada en los desenterramientos de la ‘Vieja Europa’, se acabaron las apreciaciones y las opiniones revestidas de ‘conocimiento científico’.
Aquí, en este instante, el espacio de la filosofía vuelve a convertirse en libertario, en el nada poco importante punto de apoyo que se necesita para ubicar las piedras en el encastre correcto, siempre que sean reconocidas como tales. Aunque, tengámoslo sabido, las piedras de la barbarie hacen su juego opuesto simultáneo. Mientras tanto esa cara, lo que parecía eterno, muestra su cara plana y temporal, su vestigio de trampa para osos, su torpeza basada en la fuerza animal, muy propia del hombre, más propia y característica del hombre que de la mujer.
Una vez que llegamos aquí, digamos de una sola vez lo que duele: La ciencia actual no sabe lo que es la naturaleza humana, y si lo sabe lo oculta.
Así y todo hagamos un esfuerzo de adecuación a lo audible sin exagerar. Dice una filósofa mexicana basada en la biología en agosto de 2014 citada por un portal de noticias*: "La guerra es una forma de conflicto y el conflicto jamás va a poder ser erradicado de la historia, porque forma parte de la naturaleza humana y de la formación de las sociedades. Es ingenuo pensar que las cosas conseguidas hasta ahora, como la construcción de nuestras instituciones políticas, son un producto de la armonía. En realidad son el resultado de conflictos", explica Santiago.
Si atendemos estas aseveraciones, podremos imaginar que esta persona conoce la obra de la ‘Vieja Europa’ y que la niega sin nombrarla. Dice: “…es ingenuo pensar…que las cosas conseguidas…son un producto de la armonía”. Aquí, en esta frase, se niega la posibilidad cierta de que hayan existido sociedades humanas armónicas porque ‘…el conflicto jamás va a poder ser erradicado de la historia…’, porque la guerra y el conflicto forman ‘…parte de la naturaleza humana…’.
Estamos, y claro que lo estamos, ante una declaración de principios de la ignorancia en boca de una patriarcalizada filósofa, que habla por boca autorizante de la biología, aunque de una biología degradada que no quiere escucharse a sí misma. Por qué: porque si lo hiciere tendría que abdicar en favor de la Arqueología, cuyos descubrimientos la ubicarían merecidamente en el lugar de la ‘Madre de todas la ciencias’. Nada más lejano para los detentores del ‘poder biológico’ que esa voluntad de verdad.
Pero a pesar de todos sus esfuerzos, loables por cierto, los descubrimientos de ‘la ciencia’ no pueden valorarse a sí mismos. No obstante, la ‘Revolución arqueológica’ es casi una excepción, porque se necesita un bastón mental para negarle validez validante en toda una larga serie de disciplinas científicas afectadas por su bagaje.
Por último algo más obvio aún. Si la guerra y el conflicto es connatural a la especie, la represión de los impulsos no impediría autorizarnos a ‘…buscarle una salida racional…’.* Este razonamiento es falaz, adolece de una petición de principios invertida para quien la quiera ver. O bien no, tal vez sea de este otro modo: tenemos dos naturalezas, una guerrera y otra racional, y esta podría limitar a aquélla. Lamentable, pero sí, aunque sólo parece ser la medida promovida por un desesperado, algo así como un ebrio de un ébola autofagocitante que pretende limitarse a sí mismo. Pobre persona humana actual, el producido mental racional patriarcal adolece de pauperrimus canis. No es una burla, es una categoría racional bien ganada tras cuatro mil años en el pleno ejercicio de su limitación natural. El homo patriarcalis sapiens es a todas posibilidades, un homínido con limitaciones impuestas por su naturaleza conflictiva con base en su estrecha sexualidad.
Por último verdadero. Todo lo que se ha dicho no afecta en nada a la ‘naturaleza biológica femenina’, la que ha dado muestras de laboratorio y ejercicio del poder compatibles con la armonía y la ausencia de conflictos y guerras durante 7mil años.* En las avanzadas sociedades maternales del neolítico? Sí. Lo que la biología no quiere aceptar. Sí. Qué es lo que no quiere aceptar? Que lo humano tiene dos naturalezas biológicas opuestas, una del hombre y otra la de la mujer? No me digas. Sí.
Pitágoras, el silencio tiene un límite. Y el ejercicio del crimen, del paradigma criminal como ciencia normal, también.
dfa, buenos aires, 4 de agosto de 2014.-
* Infobae.com.-
* Santiago Oropeza, Teresa.
* Rodrigañez Bustos, Casilda, El asalto al Hades, Madrid, 2001.-
* Rodrigañez Bustos, Casilda, La rebelión de Edipo II, cap I, sitio web oficial.-

No hay comentarios:

Publicar un comentario